“Calidad convivencial” de nuestras ciudades

Por Fernando de la Riva

El principio de “sostenibilidad”, entendido como la utilización de recursos renovables que preserven el equilibrio del entorno natural, parece ya -casi- universalmente aceptado en el debate político, económico, social y ambiental, y se aplica a la planificación del desarrollo de los países, municipios, barrios, edificios, viviendas, bienes y servicios, formas y estilos de vida… Otra cosa bien distinta es si, en la práctica, este principio, que supone pensar en nuestra calidad de vida presente pero sobre todo en el futuro de las próximas generaciones, consigue vencer al afán de acumulación y lucro, al instinto depredador que caracterizan el capitalismo salvaje que tenemos por sistema y modelo global.

No se si, en términos ecológicos y en el momento actual, el objetivo de la sostenibilidad es suficiente para mirar al futuro con esperanza o si, tal y como están las cosas, la unica alternativa posible al colapso y la barbarie es el decrecimiento, “abandonar el objetivo del crecimiento por el crecimiento”, como dice Serge Latouche, aprender a vivir con menos. Pero, en todo caso, me parece necesario incorporar otro principio -al menos- a la planificación del desarrollo y la construcción del futuro: el de convivencialidad.

Ivan Illich desarrolla y opone este concepto al productivismo, al crecimiento industrial sin límites que supone -ya lo ha supuesto- cruzar ciertos umbrales críticos en términos ecológicos, sociales y de supervivencia. Así, nos propone una sociedad convivencial “en que la herramienta moderna está al servicio de la persona integrada a la colectividad y no al servicio de un cuerpo de especialistas”. Y agrega, “convivencial es la sociedad en que el hombre controla la herramienta”, y no está al servicio de éstas.

Pero el concepto de convivencialidad trasciende al modelo económico y productivo, implica una concepción integral de la sociedad y de las relaciones sociales. Las instituciones convivenciales se caracterizan, en la concepción de Ivan Illich, por su vocación de servicio a la sociedad, por la participación en ellas de todos los miembros de la sociedad, y nos dice que “la relación convivencial es acción de personas que participan en la creación de la vida social.”

Así pues, tenemos aquí un concepto que, al igual que la sostenibilidad en lo ecologico, resulta fundamental en lo social, en el diseño y la construcción de las nuevas comunidades, de las nuevas ciudades. No basta con que éstas sean sostenibles y ecológicamente equilibradas, es necesario que sean convivenciales, que faciliten y favorezcan la convivencia, la participación ciudadana, la cooperación solidaria entre las personas y los distintos grupos y sectores sociales.

La convivencialidad es fundamental porque nos habla de la capacidad de las comunidades y grupos sociales para hacer frente solidariamente, desde la inteligencia colectiva, desde la cooperación creativa a los retos y problemas que, tanto en lo económico, como en lo sociocultural, lo ambiental, lo político, etc., etc., enfrentan nuestras sociedades.

Creo que, en nuestras iniciativas de intervención social para promover la participación social y ciudadana, hemos de incorporar objetivos que se refieran directamente a la mejora de la “calidad convivencial” de los grupos y las comunidades. Pero… ¿cómo identificaremos el potencial convivencial de nuestros barrios y ciudades?¿ cómo “mediremos” su desarrollo en términos de “calidad convivencial”?

Algunos indicadores parecen obvios, por ejemplo:

  • La existencia de un tejido social fuerte, de colectivos, asociaciones, agrupamientos, redes sociales… que articulen los intereses y necesidades de los distintos grupos y sectores sociales, que den voz y sirvan de motor dinamizador a la iniciativa colectiva.
  • La existencia de espacios de encuentro e iniciativa ciudadana no mercantilizados, de parques, plazas, centros cívicos, centros culturales abiertos… que favorezcan el encuentro, la relación, el intercambio de conocimientos e ideas, de experiencias y recursos.
  • La existencia de políticas sociales que contribuyan a la inclusión social y al desarrollo de la autonomía personal y colectiva, al empoderamiento de las personas y los grupos sociales excluidos por el sistema capitalista o en riesgo de exclusión, para que se incorporen como sujetos activos a la construcción de la comunidad convivencial.
  • La existencia de espacios, mecanismos, oportunidades, medios para una participación ciudadana efectiva, real, para la intervención de la ciudadanía organizada y de la ciudadanía en general en la planificación, desarrollo y evaluación de las políticas públicas.
  • La existencia de estrategias y espacios educativos -formales, no formales e informales- para el aprendizaje de valores y habilidades sociales necesarias para la construcción de una sociedad convivencial: la escucha, el diálogo, la cooperación, la solidaridad, el trabajo en equipo…
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Acerca de Fernando de la Riva

Nací en Madrid en la segunda mitad (por los pelos!) del siglo XX. Estudié Historia Moderna y Contemporánea, aunque toda mi vida profesional la he dedicado a la Animación Social y la Consultoría de Organizaciones. Llevo 21 años viviendo en Cádiz. http://www.memoriasdelfuturoimperfecto.blogspot.com
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Una respuesta a “Calidad convivencial” de nuestras ciudades

  1. Pedro dijo:

    Y como indicador, además sugeriría la existencia de personas, conectoras, catalizadoras, que hacen de puente, dinamizan y se creen esa convivencialidad,y hacen de ello su fe, su misión, o su profesión.
    Lo decía en el comentario de la entrada de Hilario. Descubrir nuestra misión en la participasión, nos lleva a darnos cuenta que esa convivencialidad hay que facilitarla, desde nuestra capacidad comunicativa, conectando a unos con otros. La experiencia máxima de la convivencialidad, no es para mi la imágen de dos personas sentadas felices en un banco, en un parque mirando en silencio una puesta de sol, mientras los pajaritos pían. Sino una imágen de dialogo de tomas de acuerdo de tension dialectica, para que ambas pares sumen y aprendan e incorporen aspectos de si mismos a las respuestas que se articulen, lo transmitan a otros, y estos a mas gente.

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