En una ciudad cualquiera…

Por Antonio Moreno Mejías

Después de la entrada de nuestro amigo Fernando Domínguez sobre “facebook”, recordé un texto que me servía como instrumento para abordar los cambios que se han producido en nuestras organizaciones debido a la incorporación de las Tics. Me gustaría compartirlo…y ya me contáis.

En una ciudad cualquiera, la mañana se presenta lluviosa y gris. Paula se despereza bajo las sábanas y bosteza contemplando las gotas de lluvia resbalando por los cristales de su dormitorio.

El olor a tostadas y café y los ruidos del aseo matutino de su familia la emplazan a salir por fin de la cama. Con paso aún vacilante se acerca al espejo y ve reflejados sus ojos negros aún soñolientos. Como cada día se sacó la lengua y sonríe. El gesto tiene poco sentido, tal vez tener la certeza de que todo sigue ahí, y su reflejo le sigue sonriendo para empezar con ánimo el nuevo día.

A partir de ese momento su vida pasa a ser tan confusa y cree aún estar soñando: los grifos tienen extrañas formas de platillos volantes y se accionan subiendo y bajando una especie de pico de ave de metal. Asustada llama a su hermano Raúl y no da crédito cuando observa que el jovencito flacucho que la noche anterior observaba absorto las olimpiadas de Barcelona por la tele, se ha convertido en un tipo robusto con entradas marcadas. Como en sueños baja a la cocina y ve a su padre ya canoso y con gafas de diferente montura, a su madre con el pelo rojo y la familiar cocina convertida en una especie de laboratorio.

Paula está tan asustada que no puede pronunciar palabra.

Traes mala cara hija, dice la madre, si quieres llamo al trabajo y te disculpo…¿Es otra vez la gastritis? ¡¿Qué trabajo?! ¡¿ Qué gastritis?! ¡¿Qué demonios está pasando aquí?! Su mirada tropieza con el calendario (al menos ese sigue en su mismo sitio) pero se encuentra con una fecha imposible, que sólo puede ser dentro de 15 años, hoy no puede ser 19 de Marzo de 2007, día del padre.

Recobra el aliento y apenas unas preguntas le bastan para darse cuenta que no sabe como, de un soplo, han pasado 15 años. Su familia la trata con toda normalidad, como si día tras día de esa década hubiera estado compartiendo el desayuno con ellos. ¿Tuve un accidente? ¿Soy víctima de una extraña broma? ¿Estaré en coma? ¿Fui abducida? ¿Estoy muerta? Un torbellino se agita en su cabeza, en casa la miran preocupados y su padre le sirve otro café. Debes haber pasado realmente muy mala noche. En casa no hace más preguntas. Si sigue así la acostarán y llamarán al loquero de urgencias.

Como en una nube, se coloca su chaquetón y sale por la puerta murmurando un… si ya estoy bien, se me pasará, ante la mirada cálida y llena de preocupación de su madre y la inquisidora de ceja alzada de su padre (¿Esta niña toma drogas?).

EL CAMINO.

No más preguntas, necesito respuestas, su gente, Magda, Ale, Paco, Carmen…irá a buscarlos, sabrán como ayudarle. El camino hacia el campus es como entrar en una película: en su bolso encuentra dinero que le sirve para pagar un billete de autobús realmente abusivo, monedas que no entiende ¿Euros?. Alguna gente escucha música a través de unos auriculares conectados a una pequeña galleta metálica. Dentro y fuera del autobús la gente habla a través de mini teléfonos móviles como si eso fuese lo más normal del mundo.

Se baja en la parada de su facultad, el edificio está ahí, los pasillos son los mismos, el mobiliario, las papeleras…pero ninguna cara conocida, nadie que le de los buenos días. Casi sin pensar, llevada tal vez por su necesidad de explicaciones y de alguna cara amiga se dirige al local de su asociación. Sería demasiado que no existiera. Tenían tantos proyectos, iban a cambiar tantas cosas. Bueno, cambiar las cosas si que han cambiado, se dice recuperando una pizca de su antigua ironía.

Sus pasos le encaminan sin dudas hacia la puerta del local (no puede olvidarlo, ayer mismo estuvo allí…). Paula se pasa la mano por la frente y trata de controlar su corazón que parece que lleva horas queriéndosele salir por la boca. Allí está el cartel escrito a máquina y coloreado: “Asociación de Estudiantes Maharana”. Hay ruidos dentro, con mano temblorosa abre la puerta y ve un grupo de chicos y chicas inclinados sobre la mesa. ¡Bueno vasca, estáis aquí! ¡Por fin! Las caras se alzan y le contemplan con sorpresa. Una chica se le acerca y le pregunta con una sonrisa ¿Quieres algo? ¿Eres la nueva profesora del departamento de didáctica?. Paula balbucea. Está a punto de echarse a llorar. La chica le hace pasar, la sienta amablemente, les pide al resto que salgan un momento y se queda a su lado esperando que se tranquilice.

Cuando al fin alza la vista su mirada se pasea por la habitación: la estantería que ella misma había montado (¡¿Un año antes?!), unos pósters de un tipo enmascarado con unas siglas E.Z.L.N. que desconoce y una proclama que reza “Un mundo donde quepan muchos mundos”, a su lado otro póster con la cara de una mujer rubia de pelo corto a la cual le piden la dimisión y al fondo una inmensa con el lema “NO A LA LOU” un poco amarillo y otro más reciente “NO A BOLONIA”. Yo, yo estuve aquí, ayer…pero hace ya 15 años…no se como ha podido pasarme esto. La joven escucha su entrecortado y absurdo relato, no le da respuestas dice no saberlas (un viaje en el tiempo tal vez) pero su expresión sosegada va calmando a Paula.

Esto ha cambiado un poco en los últimos tiempos, dice la joven, mira hasta nos han puesto sillas giratorias, dice dando vueltas en la que está sentada. Paula sonríe y se levanta mirándolo todo ahora con más atención. En una esquina hay una especie de ordenador personal como los que estaban en secretaría y en algunos departamentos. Lo que desde luego no pudo divisar es el fax ante el cual se pasaba las horas recogiendo comunicados y enviando informaciones a los distintos medios universitarios y a otras asociaciones amigas.

El resto del grupo va asomándose y entrando cautelosamente. ¿Seguimos con la reunión? Por favor no paréis por mí, dice apurada Paula a Cristina (su nueva amiga). Está bien, puedes quedarte un rato por aquí, ya sabes, dice con un guiño, estás en tu casa. Paula se sienta, mira y escucha, siente, como es ese mundo tan lejos y tan cerca del suyo.

Junto a ella, otra chica empieza a teclear, mirando fijamente a la pantalla. El resto, debaten sobre la idoneidad de seguir unas movilizaciones, valoran un encierro en el rectorado, cambian impresiones sobre un acto que celebrarían de debate sobre el “Plan Bolonia”(¿Qué será eso del Plan Bolonia?). Pero hay cosas que no entiende, términos que le son absolutamente desconocidos como “emeil”, “lista de correo”, “güeb”, “espacio virtual” ó “chat”, que parecen estar relacionados con la difusión de la información. Durante la reunión, la chica del ordenador se dirige al resto para pasarles unos folios que salen de un aparato de impresión con forma de fax, una impresora decían y cuyos contenidos hacen referencia a eso del “Plan Bolonia”. Al término de la reunión, todo el mundo se besa y se emplazan para dentro de unas horas en la cafetería.

Cristina se queda otra vez a solas con ella. ¿Qué tal? pregunta. Mejor dice Paula, más vieja, tengo que ponerme al día rápido para aprender lo que me perdí en estos años. No te preocupes, es fácil, ahora en cierto modo todo es más fácil…ya sabes…las nuevas tecnologías. ¿Podrías explicarme? dice Paula, imagino que ahora es mucho mejor lo de pasar las actas, o sacar las etiquetas para los “mailings” ¿Mailings? que va, es mejor que eso…sería difícil explicártelo pero …se me ocurre una idea: alguna gente de mi asociación me comentan que hay un curso en donde trabajaran estos temas. Redes, proyectos…hay gente de asociaciones diversas, es en Sevilla y como en nuestro caso, están incorporando las nuevas tecnologías. Podría preguntarles…CUÁLES HAN SIDO (Y ESTÁN SIENDO) LOS CAMBIOS MÁS IMPORTANTES QUE SE HAN PRODUCIDO EN SU ACTIVIDAD COTIDIANA CON LA INCORPORACIÓN DE LAS TIC. ¿Te parece? Paula insiste en que es una excelente idea. Sólo queda esperar las respuestas. Espero que no tarden mucho, dice para sí misma.

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