¿Hacia el colapso del tejido asociativo solidario?

Por Fernando de la Riva

Como decía Groucho Marx, en una frase que sirve hoy para el tejido asociativo solidario: “el año pasado estábamos al borde del desastre, pero éste daremos un gran paso adelante.”

Hace más de cuatro años, en un artículo de opinión publicado en la página web del CRAC que se llamaba “La Burbuja Asociativa”, avisaba de que  “las asociaciones, ong, fundaciones… están atrapadas. Han asumido enormes compromisos (con sus destinatari+s, con la comunidad social y con sus propios miembros y trabajador+s), dependen de la Administración, de los recursos públicos que ésta administra, para desarrollar su acción y, en muchos casos, hasta para sobrevivir como organizaciones.”

La crisis económica ha supuesto en toda España un recorte drástico de los presupuestos públicos dirigidos a las políticas sociales y, en primer lugar, de los destinados a subvencionar los programas y actividades de las asociaciones y organizaciones solidarias que vienen trabajando, desde hace muchos años, con los colectivos sociales más vulnerables (personas discapacitadas, drogodependientes, minorías etnicas, personas sin hogar, inmigrantes, ayuda al desarrollo en los países empobrecidos, etc.) o aquellas otras que denuncian injusticias, defienden derechos o la calidad del medioambiente, promueven valores de solidaridad y ciudadanía, etc.

El impacto de estos recortes ha sido tremendo y ha obligado a reducir los programas y actividades, a despedir a mucho personal técnico contratado (a menudo en condiciones precarias), y, sobre todo, a dejar de prestar atención -o precarizarla todavía más- a las personas y grupos sociales en riesgo de exclusión o a otros campos de interés social.

Para una gran parte de esos grupos y temáticas sociales, el apoyo de las organizaciones solidarias era el único con el que contaban, porque -como comentaba en el artículo que he mencionado- la Administración “delegó” en esas organizaciones la atención a esos grupos sociales y a esos campos de la acción social, para no sobrecargar el Estado de Bienestar, para abaratar los costes -siempre más reducidos cuando son las ONGs las que prestan los servicios- y quizás también para presumir de su apoyo al tejido solidario, a las organizaciones de voluntariado, al Tercer Sector y la Sociedad Civil.

Así que, cuando los presupuestos han desaparecido, han desaparecido también los servicios, precisamente en el momento en que -por la crisis económica- más lo necesitaban los sectores sociales más débiles.

Del mismo modo, se han visto mermados los programas y actividades de denuncia, sensibilización social, promoción de la solidaridad y los valores ciudadanos, etc., que han venido creando y sosteniendo conciencia ciudadana en nuestra sociedad. Aunque ello le importa bien poco a la “lógica del mercado”.

Pero, siendo todo ello suficientemente dramático, y a menudo ignorado en el debate sobre la crisis económica, no es eso todo.

Las administraciones públicas que, ya en la época de las “vacas gordas” presupuestarias inclumplían sistemáticamente los términos de sus propias convocatorias y los plazos de pago de las subvenciones que destinaban a las organizaciones solidarias, en esta época de “vacas flacas” y presupuestos recortados, directamente no pagan.

Las deudas con las asociaciones y ONGs por el pago de prestaciones y servicios contratados o acordados mediante convenios o convocatorias de subvenciones, se acumulan sin que las administraciones locales, provinciales o autonómicas atiendan sus compromisos ni señalen fechas seguras de pago.

La asfixia de las organizaciones es generalizada, muchas han quedado reducidas a su mínima expresión, en condiciones de resistencia y supervivencia, abocadas a desaparecer como no surja pronto una solución efectiva a estos problemas.

La situación se agrava porque las organizaciones del tejido asociativo solidario no han fortalecido suficientemente en el pasado su independencia ante las instituciones políticas, ni han reforzado su cohesión y coordinación interna, su poder colectivo de interlocución y presión frente a los poderes públicos, y no están en condiciones de fuerza para exigir una rápida respuesta y solución a estos problemas.

Mientras que el gobierno y los partidos políticos se apresuran a “salvar a la banca” con inyecciones millonarias, o se declaran muy preocupados por la situación de las empresas, las organizaciones del Tercer Sector se ven condenadas a mendigar de las administraciones el pago los recursos que se les adeudan.

El Tercer Sector, que fué presentado en el pasado como un potente “yacimiento de empleo”, es hoy un generador de paro y precariedad, lo que tampoco se tiene en cuenta cuando se analiza el impacto de la crisis.

Como ya he apuntado, no pueden achacarse todos los problemas a la crisis o a los incumplimientos de las administraciones, porque tampoco las organizaciones solidarias han trabajado adecuadamente para cambiar las condiciones precarias y opacas, de dependencia y subordinación en que se desarrollaban sus relaciones con los poderes públicos. Pero no se trata aquí de buscar responsables, sino de apuntar las consecuencias críticas de un amplio conjunto de malas prácticas.

La actual situación significa la desatención -o el abandono incluso- de muchas personas y grupos sociales en riesgo de exclusión, el debilitamiento -o la desaparición incluso- de muchos programas y proyectos claves para la articulación ciudadana y la construcción de Capital Social en nuestra sociedad, la sobreprecarización -o la pérdida incluso- de muchos puestos de trabajo en el ámbito de la acción social y solidaria, la fragilización -o la pérdida incluso- de muchos espacios de participación social, de dinamización de la iniciativa social y solidaria, espacios de ciudadanía.Todo ello, por cierto, muy coherente con los múltiples indicios de desmantelamiento del inacabado Estado de Bienestar a los que estamos asistiendo en el momento presente.

Son consecuencias demasiado graves y excesivos los riesgos sociales como para que pasen inadvertidos para el conjunto de la sociedad, para los poderes públicos, para el propio tejido asociativo solidario. No será fácil, pero, también en este orden de cosas, es el momento de reaccionar y exigir, de las propias organizaciones solidarias y de los poderes publicos las respuestas adecuadas. Para empezar:

  • No al recorte de los presupuestos sociales, y menos aún en esta situación de crisis.
  • No al recorte de los apoyos públicos al tejido asociativo solidario, y menos aún cuando más necesitamos la solidaridad y la cooperación social.
  • Cumplimiento de los compromisos y plazos de pago de las administraciones públicas.
  • Dignificación -de una vez por todas- de la acción y el trabajo social de las organizaciones solidarias.
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Acerca de Fernando de la Riva

Nací en Madrid en la segunda mitad (por los pelos!) del siglo XX. Estudié Historia Moderna y Contemporánea, aunque toda mi vida profesional la he dedicado a la Animación Social y la Consultoría de Organizaciones. Llevo 19 años viviendo en Cádiz. http://www.memoriasdelfuturoimperfecto.blogspot.com
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17 respuestas a ¿Hacia el colapso del tejido asociativo solidario?

  1. Jose Luis Herrero dijo:

    Creo que tiene mucha razón en lo que plantea su post.
    La crisis de muchas asociaciones y Ong es muy fuerte, y sus repercusiones sobre la realidad social también son muy grandes, en momentos en que son más necesarias que nunca. Pero no se habla de ello, y a las instituciones públicas parece importarles muy poco (aunque tampoco parece preocuparles a las propias entidades ¿o están intentando resolverlo cada una por su cuenta?).
    Es porque las entidades no lucrativas están fuera del mercado, aunque tengan una enorme importancia socio-económica.
    Todo esto significa que, el día que se salga de esta crisis (si es que se sale) haya que volver a reconstruir el tejido asociativo.

    • Estimado Jose Luis,
      Creo que el tejido asociativo, con crisis económica o sin ella, tendrá que reinventarse porque los cambios sociales que se estan produciendo son muy profundos, también en las formas de participación social.
      La crísis económica ha puesto en evidencia las debilidades específicas del tejido asociativo en nuestro país y ha venido a acelerar la necesidad de cambios. En ese sentido, quizás sea un efecto positivo.
      Creo que, efectivamente, se habla poco de todo esto y no le importa demasiado a las instituciones públicas. Quizás tienen bastante con dar respuesta a la que tienen encima y a la necesidad imperiosa de cambios en las propias instituciones políticas, los partidos, las estructuras administrativas…
      Tal vez, uno de los problemas de nuestra particular realidad haya sido que las asociaciones y colectivos sociales hemos estado demasiado (de)pendientes de las instituciones públicas. Dejemos de mirarlas tanto, hagamos los cambios que haya que hacer, los que requiera esta nueva sociedad que se crea cada día, sin pedirles permiso. ¿No te parece?

  2. Charo Batlle dijo:

    Estoy de acuerdo con todas tus reflexiones, Fernando, y me pregunto si, además de las 4 exigencias que planteas, no sería útil reflexionar también sobre la atomización y la endogamia de buena parte del tejido asociativo, una vez ya tenemos todos muy claro que solitos no vamos a ninguna parte…

    • Querida Charo,
      Es un placer y un privilegio “verte” por aquí y contar con tus aportaciones.
      Si, estoy de acuerdo contigo. Creo que la atomización y la endogamia son probablemente el principal obstáculo que tenemos las asociaciones y organizaciones solidarias.
      Ojalá tuvieramos tan claro lo que apuntas de que, solitos, no vamos a ninguna parte. Me temo que, en muchos casos, sigue existiendo la expectativa oculta de que “saldremos de la crisis”, volveremos a las vacas gordas, y lo haremos mejor cada una por su cuenta.
      Me parece un grave error de análisis y una contradicción con los valores que predicamos.
      Así que nos toca seguir insistiendo en que “Juan Palomo” ha muerto, que este es el tiempo de las redes, de la colaboración, de la cooperación, de sumar fuerzas.
      Un abrazo

  3. Estoy de acuerdo con lo que planteáis, Fernando, José Luis y Charo. ¿No os parece que hemos dejado de hacer pedagogía con quienes, cuando hacen una aportación a una ONG, afirman que quieren “que llegue todo” a los destinatarios, como si tener entidades solventes, bien controladas, que invierten en reflexionar, que se refuerzan para no sucumbir cuando vienen mal dadas y que mejoran continuamente la calidad de lo que hacen no fuera importante?

    Quizá habría también que comentarle algo a quien decidió, en ciertas subvenciones públicas, cuál es el gasto en gestión que pueden tener como máximo los proyectos, sea cual sea su volumen y la naturaleza de la entidad que los lleva a cabo. Nunca se ha visto que justifiquen el origen de ese porcentaje. ¿No será que se trata de una mera arbitrariedad?

  4. Si, Cesar, coincido contigo en que habría que hacer mucha pedagogía para tomar conciencia de la necesidad de una sociedad organizada o de la importancia de las organizaciones sociales.
    Con frecuencia, se insiste en la dimensión “finalista”, relacionada con el fin, con la misión especifica de cada organización, olvidando su dimensión “mediadora”, la de servir de medio para la participación social, contribuir a la articulación de la sociedad, hacer democracia.
    Necesitamos organizaciones fuertes, participativas, independientes, reflexivas, críticas, bien conectadas… y en ello habría que invertir tiempo y recursos.
    Claro que eso no es muy fácil de comprender y apoyar en una sociedad átona, pasiva, conformista, individualista… y mucho menos por parte de unas instituciones públicas a las que les interesa poco la existencia de esas organizaciones fuertes e independientes ¿no te parece?

  5. Pingback: Motivos personales « Planeta de información asociativa RAS

  6. Carlos dijo:

    Todos sabemos lo que han hecho muchas asociaciones, sobre todo asociaciones empresariales, con el dinero de las subvenciones. Estoy convencido de que si hubieran invertido el dinero recibido por las administraciones locales, provinciales o autonómicas adecuadamente ya estaríamos superando la crisis. Desde luego no habría tanto paro

    • Creo, Carlos, que hay algunas diferencias entre las asociaciones solidarias que se ocupan de apoyar a personas y colectivos en riesgo de exclusión y las asociaciones empresariales.
      Eso no quita para que haya asociaciones solidarias que hayan hecho un mal uso de las subvenciones, de la misma forma que habrá asociaciones empresariales que han hecho un buen uso de ellas.
      Pienso que el sistema de subvenciones es y ha sido malo por un conjunto amplio de razones, y en el futuro habrá que cambiarlo, hacerlo más objetivo y transparente (partiendo de que -en mi opinión- las organizaciones solidarias tienen derecho a acceder a los recursos públicos para emplearlos en beneficio de la comunidad).
      Lo que no creo es que la solución hubiera sido invertir esas subvenciones, ni que ello hubiera servido para superar la crisis (cuyas causas me parece mucho más complejas), ni que hubiera evitado las altas tasas de paro que tenemos en la actualidad.
      Creo que son cuestiones diferentes, y lo que quiero subrayar en esa nota es que, además de existir una profunda crisis de supervivencia en las asociaciones solidarias, hay miles y miles de personas y colectivos en riesgo de exclusión que se han quedado sin programas de apoyo, sin que parezca importarle a nadie o casi nadie.
      Un saludo

  7. Lita Gómez Terrón dijo:

    ¿COLAPSO DEL TEJIDO ASOCIATIVO O PROLAPSO DEL TEJIDO ASOCIATIVO?
    Quizá muchas organizaciones estuvieron demasiado tiempo adheridas a la matriz vieja de un estado que no creía en ellas, a las que abastecía precariamente para mantenerlas en una situación de dependencia, a las que alimentaba con los huesos del festín para desviar las miradas, a las que incubaba sin otro propósito que el de mantener la ilusión de un mundo solidario, igualitario y desarrollado. Las últimas ecografías demuestran que el tejido se está desplazando. Este prolapso del tejido asociativo -en el que todavía está por ver por dónde sale- nos indica que la criatura sigue viva. No está paralizada; quizá hambrienta, algo descoordinada, insegura, aturdida, pero respira y se mueve. Seguramente no corresponderá a la idea de organización de hace 20, 10 o 5 años, pero quiere salir. No quiere permanecer más tiempo dentro del vientre de la ballena (o del tiburón, según se mire). Un tejido asociativo que experimenta un prolapso radical para nacer, al fin.

    • Me gusta el simil -como siempre genial, Lita- del colapso al prolapso, el desprendimiento de la matriz administrativa para nacer a una nueva realidad, y me ha recordado aquella vieja canción de Silvio Rodriguez http://youtu.be/u-B5-HSvJD8 “La era está pariendo un corazón”. Si, creo contigo que lo que presenciamos es un cambio profundo de las organizaciones solidarias, que encontrarán sus nuevas formas en un nuevo mundo.
      Un besote

  8. untzillatx dijo:

    “En tiempos de tribulación, no hacer mudanza”, dejó plasmado por ahí el santo de Loiola. Yo me sumo a los que remedan al fundador de los jesuítas. Son tiempos de revisar los viejos planteamientos y sacar a la luz nuevas ideas y estrtegias. Todo antes de echar la persiana. ¿Nos hemos mirado en el espejo de lo que se hace por pagos externos como Francia, Finlandia, Suecia, Alemania, Inglaterra…mucho más entrados en este nuevo paisaje humano que es, la inmigración al llamado primer mundo?.

    • Creo que más que “remedar” a San Ignacio, habria que “enmendarlo”. O sea, que el tiempo este de tribulaciones aconseja las mudanzas, los cambios.
      Como tu dices “son tiempos de revisar los viejos planteamientos y sacar a la luz nuevas ideas y estrtegias. Todo antes de echar la persiana”.
      Pienso que, lo único que tenemos claro, es que las organizaciones solidarias cambiarán y encontrarán sus nuevas formas para un nuevo tiempo. Esperemos -parafraseando a Lita- que el “parto” no sea muy doloroso.
      Gracias por tu comentario.

      • untzillatx dijo:

        Disculpas por el craso error, camarada. Sera el inconsciente ignaciano que tengo por ahí agazapado

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