Las chicas del Facebook

Por Fernando Domínguez Hernández

Es marzo, mes de la lucha de las mujeres aunque no debería ser un mes sino algo cotidiano que revindicar, pero todos los indicios nos indican que éste sigue sin ser un tema de primera línea política, social o familiar.

Iba camino de Sevilla hace unas semanas a encontrarme con compañerxs de Andalucía, Sevilla, Extremadura, … para irle dando forma al VI Encuentro de Educación para la Participación, mientras rastreaba el dial de la radio en busca de alguna emisora con pocas interferencias -lo que parece misión imposible en la meseta castellana-. Andaba yo dándole vueltas a un tema que compartir con vosotrxs: Las chicas del Facebook.

Hace tiempo que soy consciente de que vivimos en un mundo altamente contradictorio y paradójico. No lo digo porque en una meseta sin barreras orográficas cueste sintonizar una emisora, o porque las muertes de Libia lleven a un plan de ahorro energético en nuestro país. Lo que ahora me pregunto es si las contradicciones son parte de la condición humana, y esta época postmoderna brilla por su exacerbado grado de contradicción cercano al absurdo. Lo cual podría tener sentido, aceptando que esta época es la más humana de todas las que hemos vivido, a pesar de su inhumanidad lacerante. Porque el diálogo, la cultura o la tecnología son herramientas humanas por excelencia -trago saliva mientras me acuerdo de la separatividad de Fromm, aunque mi subconsciente preferiría abrazarse a la condición natural del Emilio rousoniano-. No me quiero ir por los cerros de Úbeda, aunque mi viaje fuera en esa dirección.

Decía lo de la contradicción porque son las actuales tecnologías quienes están devolviendo el sentido perdido de comunicación a los medios tradicionales -prensa escrita, radio o televisión-. La radio se inventó como un canal de comunicación bidireccional o multidireccional como nos ha recordado B. Brecht en muchas ocasiones, sin embargo su uso político y comercial lo restringieron a un medio de difusión unidireccional. Ahora sin embargo, tanto en la radio, como la televisión -y por supuesto en las webs de medios generalistas- proliferan las referencias a los comentarios de la audiencia hechos en Facebook, Twitter o en los blogs y webs corporativas del programa en cuestión. Pero la cosa no acaba aquí.

De forma nada casual son las mujeres quienes presentan los comentarios del público, y entiendo que son también en su mayoría quienes administran y dinamizan estos perfiles en las redes sociales. Supongo que por dos motivos principales. En primer lugar por su habilidades comunicativas, pero en segundo lugar -y quizás más importante- por el rango de inferioridad que tiene la comunicación bidireccional y la opinión del público o la ciudadanía, y por lo tanto no goza del prestigio suficiente, ni tiene tanta relevancia del programa, como para que sea el presentador de turno -además jefe de informativos, redacción o similar- quien lo asuma.

¿Qué pasaría si algún día esto fuera al revés?

No me refiero a que las mujeres fueran jefas de informativos y llevaran la voz cantante en los programas y espacios de opinión. Esto suena a ciencia ficción y mucho tendría que cambiar el cuento en los medios convencionales. Me refiero a que fuera la audiencia -hombres y mujeres- quien determinara la actualidad y -las mujeres mediante- fueran los tertulianos esbirros al servicio de la información veraz y contrastada, de calidad. Pero igual esto también es ciencia ficción para quien vive tan agusto bajo su particular carpa mediática.

Sin embargo después de haber redactado estas líneas, Javier Gallego -el Crudo-, quien no deja de sorprenderme cada día en la Carnicería de Radio 3, el pasado jueves (17 de marzo) por petición popular realizó un programa de lujo llamado Islandia, un caso silenciado. La idea nació de solicitar a la audiencia que propusiera temas de los que nos suelen hablar los medios. Y aquí tenéis el resultado (a partir del min. 10):

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Una respuesta a Las chicas del Facebook

  1. La esperanza tiene nombre de mujer.
    Y el futuro es mestizo… y es mujer.
    Creo que tenemos suerte de que, cada día más, crezca el poder de las mujeres.
    El mundo sería distinto si ellas asumieran la tarea de dirigir el presente y construir el futuro.
    Este sistema que, como dice Jose Luis Sampedro, ha agotado sus posibilidades, es capitalista, destructor de la naturaleza, pero también patriarcal y machista.

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