El (duro) presente y el futuro (incierto) de las organizaciones de acción voluntaria (1. El Presente)

Por Fernando de la Riva

La situación de las organizaciones de acción voluntaria (OAV) en nuestro país es crítica. Para bien y para mal. Para mal, porque está en juego su misma supervivencia, al menos en la forma en que las conocemos. Para bien, porque esta situación extrema nos obliga a abordar los imprescindibles cambios pendientes  para recuperar el sentido social que hemos ido perdiendo.

El (difícil) término de voluntariado

En primer lugar, cabe decir que el término “voluntariado” no tiene más de 20 ó 25 años de uso en nuestro contexto social. Quienes peinamos canas sabemos que su utilización empezó a generalizarse en el marco de la incorporación de España a la Unión Europea, probablemente con el objetivo de homologarnos a códigos y terminologías que estaban incorporados en los países de nuestro entorno. Lo mismo ocurrió con otras expresiones como Organización No Gubernamental (ONG), Tercer Sector, Mecenazgo, etc.

Sin embargo, la acción voluntaria organizada, altruista, sin ánimo de lucro… tiene raíces históricas mucho más profundas, aunque los términos utilizados fueran otros y se hablase de activismo,  compromiso social, militancia, asociacionismo solidario, organizaciones sociales, etc.

Lo “novedoso” para el mundo asociativo solidario a lo largo de estos 20 ó 25 años  no ha sido la pervivencia de amplios grupos sociales que entregan voluntariamente su tiempo, su conocimiento y sus capacidades a la transformación social, el apoyo solidario a colectivos en necesidad y la construcción comunitaria, sino la aparición y consolidación de distintas figuras profesionales que, de forma remunerada, se han venido ocupando de gestionar programas y organizaciones.

El cambio de lenguaje, y la construcción ideológica que se esconde tras de él, coincide con la apropiación administrativa de la iniciativa social: los gobiernos -en todos los niveles administrativos- pretenden (y consiguen) regular -e instrumentalizar- la acción social voluntaria, convirtiéndola en un recurso subsidiario, complementario de la acción gubernamental, subordinándola y haciéndola dependiente mediante una política de subvenciones a menudo poco transparente o abiertamente clientelar.

Así, las asociaciones, colectivos y organizaciones solidarias han venido realizando en estos años, con recursos públicos, una labor extensa e intensa de atención y asistencia a todo tipo de grupos sociales en necesidad, que ha sido fundamental para la inclusión social y los avances en la igualdad de estos colectivos.

Dicho esto, quede claro que en este apunte nos referimos al presente y el futuro del conjunto de los colectivos y organizaciones de iniciativa social, incluyendo a las ONGs y otras estructuras del llamado Tercer Sector, al conjunto del tejido asociativo solidario en nuestro país. Y ese planteamiento incluyente tiene sus ventajas, porque nos permite generalizar y obtener una mirada de conjunto, pero también tiene sus inconvenientes, porque cualquier generalización oculta una amplia diversidad de situaciones y la existencia de numerosas excepciones a todo lo que sigue.

Un presente crítico

El momento presente de las organizaciones solidarias es -como adelantábamos más arriba- de una extrema gravedad. Corren el riesgo de convertirse en meros apéndices de la acción gubernamental, limitándose a prestar servicios asistenciales a bajo costo (en competencia con la iniciativa privada), o de acabar siendo “insignificantes” en la dinámica de cambio social que nos sacude.

Los rasgos que caracterizan esta situación son muchos y muy complejos, apuntamos solo algunos:

Un modelo organizativo agotado

El modelo organizativo de la mayoría de las organizaciones solidarias tiene sus antecedentes en las formas organizativas surgidas con la Revolución Industrial y los orígenes del Movimiento Obrero, hace casi dos siglos. Se trata -simplificando mucho- de una forma de organización jerárquica, vertical, basada en el liderazgo personal, de caracter patriarcal y endogámico -centrada en si misma-, afirmándose por oposición o competencia con el resto de organizaciones…

Los síntomas de agotamiento de este modelo organizativo han venido siendo más y más evidentes con el paso del tiempo, aumentando los desajustes y contradicciones con una sociedad en cambio. Pero, además, estos desajustes se han multiplicado por contraste con los cambios sociales producidos por la Revolución Tecnológica. La rapidez y profundidad de estos cambios, el impacto de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), su tremenda incidencia en las formas de conocimiento, comunicación, relación, etc., han servido para poner en mayor evidencia las carencias y resistencias a los cambios en las organizaciones solidarias.

Estas, durante los últimos 20 ó 25 años, han profundizado su subordinación hacia las Administraciones Públicas, su papel subsidiario y su dependencia económica -dependiendo de las subvenciones públicas para el sostenimiento de programas y servicios y de las propias organizaciones-. Muy a menudo, las organizaciones se han venido preguntando si no estaban convirtiéndose en “mano de obra barata” para la Administración, “sacándole las castañas del fuego” y sirviendo de colchón amortiguador de los conflictos sociales.

En ese tiempo, las organizaciones que nacieron de la reivindicación y la protesta, de los propios colectivos afectados (personas toxicómanas, discapacitadas, enfermas de VIH, inmigrantes, mujeres, jóvenes…) o de sus entornos familiares y sociales, han ido orientando progresivamente su atención hacia la Administración, convirtiéndose en prestadoras de servicios, perdiendo su caracter reivindicativo y, con él, también una gran parte de su base y apoyo social.

La incorporación de valores y esquemas de organización mercantiles a la gestión de muchas organizaciones, ha profundizado las contradicciones y ha contribuido a su pérdida de significación social.

En suma, aunque no hubieran concurrido otros factores, el agotamiento del modelo organizativo reclamaba por si solo una renovación profunda de las organizaciones solidarias para adecuarse a una sociedad en cambio.

En la Sociedad de la Crisis

La fragilidad del modelo organizativo se hace más evidente con la crisis económico-financiera que nos golpea desde 2008. Claro que esta crisis económica es, en nuestra opinión, solamente una expresión de la crisis de todo el sistema, que se manifiesta también en la crisis medioambiental, en la energética, en la alimentaria, en la migratoria, en la de derechos humanos, en la de valores… Se trata de una crisis estructural que ha venido para quedarse. Como diría Antonio Rodríguez de las Heras, no es que estemos ante una crisis de la sociedad, es que la nuestra es la Sociedad de la Crisis.

Los retos y desafíos que enfrentamos ponen en cuestión, patas arriba, todas las estructuras sociales y su capacidad para darles respuesta, incluyendo -por supuesto- a las propias organizaciones solidarias.

Pero, además, la crisis económica ha significado un recorte de todas las políticas sociales que ha afectado, en primer lugar, a los programas y servicios de las organizaciones de iniciativa social, a su propio mantenimiento y sostenimiento. En todos los campos de la acción social se han reducido drásticamente -o han desaparecido- las subvenciones y convenios. Eso ha significado el fin de muchos programas y servicios y la consiguiente desatención de amplios grupos y sectores sociales en necesidad, los más débiles. Cuando mayores son las necesidades y los sectores afectados por ellas, menores son los recursos disponibles.

Para completar la jugada, la crisis financiera -o la situación de quiebra- en que se encuentra la tesorería de muchas administraciones locales y regionales, supone en la práctica el retraso o el impago de las mermadas subvenciones, sin que muchas organizaciones tengan capacidad de soportar la incierta espera.

La consecuencia de todo ello es que las organizaciones han de cerrarse, precarizarse aún más, o han de recortar sus programas y personal técnico. Se calculan en unos 300.000 los puestos de trabajo que, en los tres últimos años, se han perdido en el “Tercer Sector” en España. No se ha hecho un calculo del número de personas que se han quedado sin atención y apoyo, sin servicios.

Esta situación, que en cualquier otro sector productivo hubiera supuesto un escándalo mediático y una amplia movilización social (como en el caso de Francia), exigiendo de la Administración los recursos necesarios para “salvar el sector”, en el caso de las organizaciones solidarias españolas ha tenido escasa repercusión y no se ha traducido en movilizaciones significativas. ¿Tendrá ello algo que ver con la dependencia y la pérdida de base social?

La sorpresa del 15M

La creciente ola de movilizaciones sociales que está recorriendo el mundo y que en España tiene su máxima expresión en el movimiento 15M ha supuesto una sorpresa generalizada, empezando por sus propios convocantes, y también para las organizaciones solidarias.

El discurso de estas organizaciones, especialmente durante los últimos años, ha estado repleto de quejas hacia la apatía social, la falta de apoyo y participación ciudadana, la dificultad para concienciar y movilizar a la sociedad frente a las necesidades y problemas existentes.

Pero el 15M ha desbaratado de un plumazo todas estas lamentaciones: se ha demostrado en la práctica que existe un amplio y profundo deseo de participación ciudadana, que las generaciones más jóvenes quieren y pueden ser sujetos protagonistas de la acción colectiva, que existen otras formas de organización y acción social que no se reducen a los viejos y agotados modelos, etc.

Frente a las dificultades y resistencias de las organizaciones solidarias para realizar una efectiva apropiación de las TIC, el 15M ha demostrado que no se requieren cuantiosos recursos económicos o tecnológicos, sino empeño, cooperación y creatividad para convertirlas en instrumentos eficaces de la organización, la comunicación y la acción colectiva.

En el 15M se manifiesta también un rechazo frontal a la burocracia, la subordinación, la dependencia, la jerarquización, la falta de participación, la endogamia… de las organizaciones tradicionales. No quieren saber nada de ellas.

De manera que, paradójicamente, el 15M ha venido a profundizar la crisis de las organizaciones solidarias, al mismo tiempo que señala algunas de las líneas de cambio que han de recorrer en su transformación interna… si no quieren quedarse descolgadas de los cambios sociales.

Reinventando el tejido asociativo solidario

En resumen, el presente es un momento de cambio y reinvención. Nos encontramos en mitad de ojo del huracán de la transformación del tejido asociativo solidario. Ya sabemos como no pueden ser -como no van a ser más- las organizaciones de iniciativa social, pero aún no sabemos bien como serán en el futuro. Todo está en cuestión y en construcción. (Continuará)

Fernando de la Riva

(Este texto recoge las principales ideas puestas a debate en la ponencia “¿Hacia dónde camina el voluntariado? Presente y futuro del Tercer Sector Social“, dentro del Encuentro “Voluntariado y Participación Ciudadana“, en el marco de los “Encuentros Internacionales de Juventud, Cabueñes 2011“)

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Acerca de Fernando de la Riva

Nací en Madrid en la segunda mitad (por los pelos!) del siglo XX. Estudié Historia Moderna y Contemporánea, aunque toda mi vida profesional la he dedicado a la Animación Social y la Consultoría de Organizaciones. Llevo 21 años viviendo en Cádiz. http://www.memoriasdelfuturoimperfecto.blogspot.com
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14 respuestas a El (duro) presente y el futuro (incierto) de las organizaciones de acción voluntaria (1. El Presente)

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  2. 1111 dijo:

    Las Ong son complices del sistema de dominación. Son parte del problema. Su burocratización y servilismo hacia el poder las ha vaciado de cualquier valor transformador. Es una buena noticia que el tsunami de esta crisis arrastre con ellas.

    • Ya decía en el texto que lo de la generalización tiene sus riesgos. No creo que todas las ONG sean complices, burocráticas y serviles. Creo que las hay de muchos tipos y muchas que hacen aportaciones valiosas a los procesos de transformación social. Si la crisis se llevara solo a las chungas… pero me temo que su efecto es devastador sobre el conjunto del tejido asociativo solidario.
      Pienso que la transformacion social, la construcción de Otro Mundo Posible necesita de los Movimientos Sociales, y también de la iniciativa social ORGANIZADA. Necesitamos a las organizaciones solidarias, otro tipo de organizaciones para otro tiempo histórico, pero organizaciones al fin. Y eso supone asumir los riesgos, conflictos y contradicciones que implica cualquier procerso organizativo.

  3. indignada dijo:

    Verdades como puños:
    “a lo largo de estos 20 ó 25 años… la aparición y consolidación de distintas figuras profesionales que, de forma remunerada, se han venido ocupando de gestionar programas y organizaciones… consiguen regular -e instrumentalizar- la acción social voluntaria, convirtiéndola en un recurso… “mano de obra barata” para la Administración, “sacándole las castañas del fuego” y sirviendo de colchón amortiguador de los conflictos sociales… con la incorporación de valores y esquemas de organización mercantiles a la gestión de muchas organizaciones, ha profundizado las contradicciones y ha contribuido a su pérdida de significación social…. (en definitiva, convirtiéndolas en) prestadoras de servicios, perdiendo su caracter reivindicativo y, con él, también una gran parte de su base y apoyo social.”
    Menos mal que llegó el 15M y mandó parar!!!

    • ¡Jopé! ¡Vaya síntesis! Demoledora.
      Aunque, visto así, se me ocurre que al análisis -necesariamente incompleto- le falta una mayor afirmación del valor, no solo teórico sino también práctico, efectivo, de las organizaciones solidarias en estos 20-25 años.
      Con todos sus defectos y contradicciones, con todas sus sombras, las organizaciones solidarias (unas más y otras menos) también han sido espacios de acción e intervención social, de respuesta social a problemas y necesidades de los que no interesan a la ideología dominante, a los poderes, al sistema.
      Y han sido laboratorios de la participación social, experimentando, fracasando, intentando, probando…
      Y motores de transformación social, promotores de cambio…
      Me pregunto si el 15M se hubiera producido sin la acción (y el fracaso incluso) de muchas organizaciones solidarias que, en tiempos más que difíciles, se han dejado la piel para desvelar la realidad, denunciar los problemas, crear conciencia, defender otros valores, promover la solidaridad y la cooperación…
      Creo que debemos ser siempre crític+s, analizar y aprender de nuestros errores, pero sin olvidar los logros, los aciertos, los valores, que también forman parte de nuestra realidad.

  4. Beatriz Bello dijo:

    Muchas asociaciones de colectivos vulnerables no tienen otra manera de funcionar porque no conocen otra manera. Es la única rendija por donde han colado unas NECESIDADES que nadie les cubría y sí le sirven a la Administración de colchon amortiguador de los conflictos sociales, pero es que no tienen otra estrategia de cambio. Muchas asociaciones de personas dependientes, que conozco muy de cerca, han dejado de recibir subvenciones y ayudas que tenian como único recurso y se encuentran hoy más que nunca en una situación de URGENCIA. Hubo, muchas veces,que sacar las castañas del fuego para salvar sus propias vidas y no para facilitarle el trabajo a nadie.
    Magnifico artículo, un desglose de la estructura social y organizativa de 10, propia de una mente sociológica. Pero no olvidemos quienes son las victimas y quienes los verdugos.

    • Gracias por tu opinión, Beatriz.
      Creo como tú que muchas asociaciones han realizado y realizan un trabajo impresionante con personas y colectivos de los que no se ocupaba nadie más.
      Lo han hecho utilizando las subvenciones públicas, y me parece que el acceso a esos recursos públicos, que son de toda la ciudadanía, es un derecho y no tiene nada de negativo.
      Deberíamos reclamar que esos recursos públicos sigan destinándose a los sectores más vulnerables y no se produzcan recortes en los presupuestos sociales.
      Lo que pasa es que la gestión política de esos recursos, de esas subvenciones ha sido muchas veces oscura, clientelar, empleada como un medio para domesticar a las organizaciones solidarias. Y las organizaciones hemos tolerado esa situación, y guardado silencio, no fuera a ser que nos cortaran el grifo.
      En vez de reclamar el derecho, hemos aceptado la subordinación y la dependencia. Esa es una de las causas de que hoy, cuando el grifo se cierra y sin embargo crecen las necesidades, cuando la situación es de urgencia, sigamos calladas.
      En mi opinión, deberíamos haber reclamado el derecho a los recursos públicos sin renunciar a la reivindicación y la crítica, uniendo nuestras fuerzas y cuidando al máximo la base social de nuestras organizaciones. Pero eso el pasado.
      Mirando al futuro, las organizaciones solidarias siguen siendo necesarias, más que nunca, porque los colectivos en situación de necesidad siguen existiendo, más que nunca. Así que no nos queda otra que reinventarnos.

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  6. vanessa dijo:

    Pienso es interesante la lectura. Es verdad que pienso que las asociaciones de voluntariado participativa se esta dando auge en la sociedad y quieren participar y colaborar mas la sociedad y esta concienciada pero tambien pienso que esta en continuo proceso de cambio y modo haciendo reformas en las asociaciones de voluntariado. y se pone mas dificil situacion con la crisis económica que va desde el 2008. y alguna se ha tenido que cerrar por fondos económicos. y que en cambio ayuda a mejorar aspectos que se necesiten cambiarse.

  7. REFLEXIÓN DEL TEXTO DE FERNANDO DE LA RIVA
    Alessandra Moura (Ampa, Fampa)

    Tal como dice Fernando, la crisis ha remarcado que la estructura tradicional de organización en las asociaciones sin ánimo de lucro no puede sobrevivir tal como estaba planteada, pero tenemos que ver este momento como una oportunidad de cambiar para que l@s más necesitad@s no se queden desatendid@s. Es hora de buscar soluciones.

    Creo que la cuestión, a nivel individual, es hacer lo que consideramos oportuno y moral en cada momento sin depender de ningún organismo ni siquiera de una persona en particular y no dejar de hacer las cosas porque nos llevamos mal con una persona o hacerla al “amig@” como si fuera un favor. Somos Voluntari@s porque queremos, cada un@ con nuestro tiempo y dinero que podemos aportar para los demás, de forma independiente y autónoma. No es cuestión de que haya un “president@” o “jef@”, sino que tod@s aportamos como un equipo en diferentes ámbitos.

    Creo que pocas personas entienden y aceptan estos cambios, pero creo que es algo muy sencillo de entender, si algo no funciona habrá que probar con alternativas hasta dar con la que funciona, ¿no? Creo que la esperanza está en la educación de la juventud ya que la reeducación de nosotr@s mism@s es harto difícil. Aunque l@s joven@s repiten mucho los patrones de sus familias, se dan cuenta de que puede haber un mundo mejor si cada uno ponemos nuestro granito de arena y a veces actúan en consecuencia.

    Alessandra Moura
    Federación de Ampas de Málaga y Marbella

    • Gracias por tu opinión Alessandra. Parece que somos muchas las personas que vemos una oportunidad en la crisis para producir los cambios necesarios en las organizaciones solidarias. Apuntas a los y las jóvenes. Yo también creo que la educación para la participación debe dirigirse especialmente a quienes tienen que construir la sociedad solidaria, el mundo mejor que soñamos.
      Un saludo cordial

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