Para tejer redes entre las organizaciones solidarias

Por Fernando de la Riva

El que vivimos es un tiempo para la colaboración y la cooperación entre las organizaciones solidarias.
Y no solo por razones de necesidad, porque una gran mayoría de las organizaciones sociales son pequeñas, están debilitadas y necesitan unir sus fuerzas con otras para sobrevivir y poder alcanzar sus objetivos, sino también por razones de coherencia ideológica y metodológica.
Respecto a la ideología, a los valores, solo es creible un mensaje de transformación social cuando quien lo proclama demuestra su disposición y su capacidad de sumar y cooperar.
Quienes recelan de los otros y se aislan, quienes tienen reservas para compartir y prefieren competir, son parte del problema.
Y en cuanto a la metodología, en un mundo interdependiente y complejo las organizaciones solidarias han de trabajar interrelacionando y coordinando sus iniciativas para ser socialmente eficaces. Se acabaron los tiempos de Juan Palomo, el futuro es de las redes solidarias. Más temprano que tarde, las organizaciones sociales estarán profundamente enredadas entre si y con los diferentes actores sociales.
Pero la construcción de esas redes de cooperación es una tarea compleja que requiere nuevos valores y actitudes, nuevas capacidades y habilidades, nuevas formas de organización.
No es fácil. Es un PROCESO, un camino que ha de ser recorrido con tiempo y constancia, aprendiendo continuamente de la experiencia.
Por eso, para no perder el rumbo, conviene que tengamos claras algunas metas hacia las que caminar.
Se trata de premisas, valores, capacidades y habilidades que tendremos que perseguir, que habremos de cultivar con tesón a lo largo del proceso, porque son condiciones necesarias para poder tejer eficazmente la red.
Así, por ejemplo, deberemos orientarnos hacia:

1. El reconocimiento de la diversidad

Para tejer redes hemos de conocer y reconocer la diversidad de las distintas organizaciones, de las distintas partes, como un valor, una potencialidad que multiplica nuestras capacidades particulares. La diversidad nos enriquece.

2. La horizontalidad

Las relaciones entre las distintas partes de la red han de ser entre iguales, sin hegemonías, deben estar basadas en la corresponsabilidad. Eso no significa que todas las partes hagan de todo, por el contrario, las tareas y funciones -todas son importantes- han de estar bien definidas y repartidas.

3. La sinergia, el trabajo en equipo

El trabajo de la red se basa en la complementariedad, en la reciprocidad, en la suma de capacidades, esfuerzos y recursos, en el apoyo mutuo. En el trabajo en red todas las partes ganan, todas aportan y todas reciben.

4. La autonomía en interrelación

Las responsabilidades, funciones y tareas en la red están descentralizadas, cada equipo, cada parte de la red tiene la máxima autonomía y capacidad de iniciativa, dentro de una permanente comunicación, coordinación e interacción.

5. La pertenencia basada en la participación

Lo que determina la pertenencia a una red es la participación activa -en la medida de las capacidades de cada parte-, la implicación efectiva en las tareas, por encima de la  representación, del pago de cuotas… Quien no toma parte no forma parte.

6. Los objetivos comunes

La cohesión en la red se basa en el “Mínimo Común Multiplicador” (MCM), perseguimos objetivos comunes que son reconocidos como propios por todas las partes. Y los objetivos de las partes están incluidos en los objetivos comunes.

7. El compromiso

Quienes formamos la red asumimos responsabilidades y riesgos en solidaridad con todo el proyecto colectivo, estamos a las duras y a las maduras. Una red es un sistema abierto, en el que debe ser fácil entrar y salir, pero si nos metemos… nos comprometemos.

8. El Liderazgo Colectivo

Todas las partes tiramos del carro, tenemos iniciativa, no esperamos a la iniciativa ajena, proponemos, emprendemos, animamos… El liderazgo se comparte y se reparte, según las capacidades, los momentos, las situaciones…

9. La comunicación transparente y permanente

La comunicación –en todas direcciones- es la base del trabajo en red, su piedra angular. La red cuida permanentemente la comunicación, la revisa, la mejora. En la red no hay zonas de “sombra” que quiebran la confianza.

10. La construcción y gestión colectiva del conocimiento

La experiencia adquirida y los conocimientos aprendidos se comparten, la información se analiza y gestiona colectivamente, los resultados se socializan… Cooperar significa compartir, muy especialmente el conocimiento.

11. La acción común

La red se articula en función del HACER común. La red no se dice, se hace. Se llevan a cabo acciones comunes, proyectos colectivos, programas conjuntos que traducen los objetivos compartidos en iniciativas concretas.

12. La sencillez y flexibilidad organizativa

En el trabajo en red, la flexibilidad es la norma. Huimos de la burocracia, de los procedimientos superfluos. Las normas, los procedimientos no se sacralizan… se modifican con agilidad según las necesidades del momento.

13. La evaluación como aprendizaje permanente

La acción colectiva y la experiencia conjunta son fuentes principales del aprendizaje común, las revisamos y evaluamos continuamente para aprender de ellas. Siempre estamos aprendiendo del camino recorrido, de los aciertos y de los errores.

14. La creatividad, la innovación

El cambio no es una amenaza para la red, es una oportunidad. Cambiamos y nos adaptamos con flexibilidad a los cambios del entorno, buscamos y aplicamos nuevas soluciones a los nuevos problemas y dificultades.

15. El buen clima de relación, la confianza mutua

El trabajo en red no es solo razonamiento, también es emoción y sensibilidad. Cuidamos las relaciones, nos cuidamos mutuamente. Funcionan las empatías y las simpatías, el conocimiento y la confianza mutua entre quienes participamos.

Estos que señalamos no son, no pueden serlo, “puntos de partida” que podamos exigir previamente a las organizaciones solidarias que van a construir las redes. Son “horizontes” hacia los que caminar durante todo el proceso.
Y son también indicadores de evaluación con los cuales podemos revisar nuestras prácticas e identificar el camino recorrido y el camino por recorrer.
Los procesos de construcción de las redes son necesariamente muy dinámicos, tienen altibajos, avances y retrocesos, especialmente cuando nos referimos a organizaciones como las nuestras que no tienen plenamente desarrolladas las motivaciones, las habilidades y capacidades -individuales y colectivas- necesarias para trabajar en equipo, para trabajar en red.
Por eso no cabe desalentarse cuando surgen las primeras dificultades, sino que es preciso perseverar con paciencia y constancia, desde la certeza de que caminamos en la dirección del viento de la historia.

Fernando de la Riva

(Estas notas están elaboradas y desarrolladas a partir de lo apuntado en el Cuaderno Práctico Nº  4 “Redes Asociativas. Sumar fuerzas para multiplicar resultados”, del que son autores Fernando de la Riva y Antonio Moreno.)

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Acerca de Fernando de la Riva

Nací en Madrid en la segunda mitad (por los pelos!) del siglo XX. Estudié Historia Moderna y Contemporánea, aunque toda mi vida profesional la he dedicado a la Animación Social y la Consultoría de Organizaciones. Llevo 21 años viviendo en Cádiz. http://www.memoriasdelfuturoimperfecto.blogspot.com
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