Ideas del Procomún y Gobierno Abierto

Por Gabriel Navarro

Cantos rodados

En estos tiempos de injusta incertidumbre y de desenfrenada privatización de casi todo, incluso de algunos sueños, emerge con fuerza y con proyección de futuro la idea del procomún junto a la, cada vez más necesaria, vertebración en nuestra sociedad del gobierno abierto, un escenario fundamental en la participación activa de los ciudadanos por el bienestar común.

Por “procomún” (provecho común, traducción al castellano del commons anglosajón) o bien comunal se entiende aquellos bienes, recursos, procesos o cosas cuyo beneficio, posesión o derechos de explotación pertenecen a un grupo o a una comunidad de personas. Estos bienes corresponden a tres categorías generales: regalos de la naturaleza, creaciones materiales y creaciones intangibles. Procomún, en palabras de Antonio Lafuente es la forma de expresar una idea muy antigua: que algunos bienes pertenecen a todos, y que constituyen una constelación de recursos que debe ser activamente protegida y gestionada por el bien común. (MediaLabPrado) El concepto esta ligado a la figura jurídica de dominio público. Los bienes comunes son un interés compartido o valor. Es el patrimonio o legado, y se refiere a cualquier elemento que contribuye al sostén material y social de un pueblo con identidad compartida: la tierra, los edificios, el almacenamiento básico de semillas y el conocimiento de la práctica o los rituales. Sin bienes comunes, no hay comunidad. (S. Gudeman, citado por S. Helfrich [1]). Aunque otros autores destacan el hecho de que un common, por sí solo, no es un bien. Al abordarlo como una ‘cosa’ se corre el riesgo de perder de vista que se trata de una relación social y que no existe un common sin un sujeto social específico. (G. Esteva) [2]

No consiste en una concepción o modelo único, pues aparece el procomún en el que a) prima lo colectivo, que sobrepasa la dimensión individual y a la que de algún modo hay que subordinarse, o bien b) como una instancia de coordinación eficaz para desarrollar las potencialidades y la libertad de las personas. Aunque no se suelen dar en forma pura, sino en un gradiente de posibilidades, en función de qué enfoque se priorice los planteamientos políticos de las comunidades sobre el procomún que comparten serán distintos (más colectivistas o más libertarios).[3]

Por Gobierno Abierto se entiende que los temas de gobierno y administración pública deben ser abiertos a todos los niveles posibles en cuanto a transparencia, creando espacios permanentes de participación y colaboración ciudadana. Pretende una evolución del sistema de democracia representativa hacia otro modelo de democracia participativa, y el objetivo final es la mejora de la democracia y de la calidad de vida de los habitantes. Aunque esta idea aparece ya en la Ilustración, ha adquirido un protagonismo notable al incorporarse en la agenda de gobierno del presidente Obama en USA, y al desarrollarse en gobiernos de distintas administraciones en muchos países.

Los distintos modelos de gestión de las burocracias públicas no han respondido a las necesidades de la sociedad. ¿De verdad es factible “gestionar” el caos, la incertidumbre y la perplejidad en nuestras sociedades? Aunque Ramírez-Alujas [4] lanza esta cuestión al abordar la obsolescencia de la Nueva Gestión Pública (NGP – Management) que en su faceta de creación de agencias presenta diversos defectos, (y, entre ellos destaca la ausencia de control democrático de estos entes), también podemos enfrentarla a cualquier otro enfoque de “gestión de los público”.  La alternativa vendría de la puesta en marcha de políticas de Gobierno Abierto (C. Guadián, 2009. Citado por Ramírez-Alujas), un nuevo paradigma de gestión entre cuyos rasgos distinguimos los siguientes (selecciono aquí sólo algunos puntos conforme al argumento que nos interesa en este artículo):

  • Comparten la información y el conocimiento, con el único límite de la protección y privacidad de los datos, y promueven la cultura colaborativa de la ciudadanía y de las empresas.
  • Utilizan y promueven la utilización de las herramientas de la Web 2.0 y del software libre, favoreciendo un rol activo de la ciudadanía en la generación de contenidos y contribuyendo al desarrollo de programas de uso gratuito para la comunidad.
  • Promueven la generación del contexto adecuado en el que aflore la iniciativa social y se produzcan conversaciones entre la ciudadanía, las empresas, las organizaciones sin fines de lucro y los agentes sociales en general, para obtener respuestas satisfactorias a las necesidades y demandas de la sociedad.

En consecuencia, una administración abierta (oGov) es aquella que entabla una constante conversación con los ciudadanos con el fin de escuchar lo que ellos dicen y solicitan, que toma decisiones basadas en sus necesidades y preferencias, que facilita la colaboración de los ciudadanos y funcionarios en el desarrollo de los servicios que presta y que comunica todo lo que decide y hace de forma abierta y transparente.(Javier Linares) [5]

Ello implica, ineludiblemente, cambios radicales en la forma y el contenido de la gestión pública (Javier Linares, Iñaki Ortiz):

  • Cambio Cultural
  • Cambio en los procesos en la Administración Pública,
  • Cambio en la Organización
  • Cambio en las Formas de relación entre ciudadanos y funcionarios, a las demás administraciones, y a otras organizaciones colaboradoras.
  • Una administración “open” es una administración en red.

Sin embargo, difícilmente se puede conseguir de manera aceptable este conjunto de cambios sin vincularlos a una necesaria Transparencia. En este sentido, emergen iniciativas ciudadanas como es el caso del   Pacto por la Transparencia y el Buen Gobierno en la Región de Murcia donde se promueven 22 medidas en función de cinco grandes postulados:

  • A. Transparencia: “Queremos saber”. Los ciudadanos necesitan acceder a toda aquella información que les permita conocer y juzgar la actividad de las diferentes instituciones públicas. Y éstas han de generar de manera activa la información relevante y hacerla accesible a los ciudadanos.
  • B. Participación: “Queremos tomar parte”. Los ciudadanos, y no sólo los directamente afectados, debemos tener una mayor capacidad de participar e influir en la toma de decisiones públicas si hemos de responsabilizarnos de las mismas.
  • C. Colaboración: “Queremos contribuir a la mejora de los servicios públicos”. Ciudadanos, colectivos, asociaciones y empresas tienen que tener cauces para colaborar en los procesos de mejora de la prestación de los servicios públicos.
  • D. Evaluación: “Queremos conocer el impacto real de las actuaciones públicas”. Todas las organizaciones públicas deben estar obligadas a supervisar y dar cuenta de cómo progresan en sus metas propias. Sólo así podrán los ciudadanos conocer cuál es el efecto real que determinados planes públicos de actuación están teniendo sobre aquellas realidades sociales a las que se dirigen.
  • E. Control externo: “Queremos instituciones públicas con capacidad de reacción efectiva ante las anomalías o las quejas externas”. Las organizaciones públicas deben contar con mecanismos internos que les permitan procesar las anomalías que se detecten en su funcionamiento y las quejas que reciban por los problemas generados en su actuación. Asimismo, han de existir mecanismos externos a la propia organización que lleven a cabo un control eficaz y no meramente formal de su actuación.

Un hecho lamentable en nuestro país es que, después de ocho años esperando una prometida y deseable Ley de Transparencia, se haya aprobado en julio un Anteproyecto de Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública que no se tramitará por el adelanto electoral y con la incertidumbre de su futura aprobación con el gobierno actual. No obstante, la Comisión Europea ha propuesto una reforma legal que obligará a los Gobiernos a hacer accesibles los archivos que recopilan. La medida llenaría el vacío de la frustrada ley de transparencia en España. Aunque, siendo seriamente críticos, deberíamos enfrentarnos también a otra grave cuestión: ¿Cómo conseguir transparencia en las instituciones públicas si los partidos políticos no son transparentes? (Sergio Balardini).[6]

A pesar de estas dificultades derivadas de la falta de transparencia, podemos confrontar estas circunstancias con diversas iniciativas que permiten abrir caminos positivos para el Gobierno Abierto. Y en estas reflexiones, lo significativo es que las ideas del procomún inciden radicalmente en la filosofía y práctica del Gobierno Abierto, principalmente en lo relativo a la “colaboración” de los ciudadanos. Veamos:

El procomún es la manera de producir y gestionar de manera colectiva, bienes y recursos que nos pertenecen y pueden ser libremente utilizados por todos y entre todos deben ser ampliados y preservados. Los principios que rigen en el procomún son, entre otros, equidad en el acceso y en el goce de beneficios, transparencia y democracia en las decisiones, corresponsabilidad y reciprocidad en el manejo de los recursos. Se trata no solamente de derechos sino también de responsabilidades, y de relaciones sociales del dar y tomar (SilkeHelfrich). [7]

La defensa y recuperación exitosas de los bienes comunes a escala global puede contribuir a la emergencia y desarrollo de nuevas formas sociales que transciendan los límites impuestos por los sistemas de ciudadanía existentes.[8] Según J. Esteban Castro en nuestra sociedad contemporánea el sistema de ciudadanía es instrumental para la reproducción y expansión del capitalismo. Y uno de los ejemplos de cómo las formas existentes de ciudadanía pueden, eventualmente, convertirse en vehículos de cambio radical en la lucha por la defensa del bien común lo encontraríamos en las experiencias de los Presupuestos Participativos. Como expresa José Molina [9]: la participación ciudadana en la gestión del gasto público, puede ser una nueva liberación orientándola hacia la participación, la solidaridad, transparencia y rendición de cuentas, porque el reto del siglo XXI es convertir al ciudadano en eje del sistema.En este marco, una consideración fundamental es que la práctica de los presupuestos participativos consigue, además, la inclusión social, la integración multicultural y el empoderamiento de los ciudadanos, con un compromiso estable de cooperación entre la sociedad civil, los políticos y los funcionarios.

Según David Bollier [10] la teoría clásica del mercado no consigue entender cómo unas comunidades estructuradas sobre la confianza, el trabajo voluntario y la colaboración pueden ser más eficientes y flexibles que los mercados convencionales del «mundo real». Y buena muestra de ello nos lo ofrecen quienes cooperan habitualmente en el desarrollo de aplicaciones diversas gracias al “software libre”, lo que no implica que todo su producto sea “gratis” pues desarrollan en ocasiones adaptaciones específicas de herramientas informáticas dirigidas a particulares o a empresas y cuyo coste se deriva expresamente del trabajo empleado en cada adaptación.

Los participantes en estas comunidades no suelen ser consumidores pasivos, sino que forman parte de una actividad espontánea, descentralizada y proactiva. Y, un aspecto destacado: “Los poderes económicos, políticos o científicos pueden favorecerlo, por ejemplo aportando recursos, pero no determinarlo, o arruinarían dicho procomún, provocando la deserción de sus miembros a un nuevo espacio, algo que se ha visto cuando algún grupo de interés intenta condicionar o explotar alguna de estas comunidades”.[11] Entonces, ¿cómo engarzar las propuestas del procomún y las iniciativas de Gobierno Abierto que pueda realizar una administración pública de forma que no suponga tal determinación? Un contexto para tal fin lo observamos en las propuestas ejecutadas a partir de la explotación de Open Data (Datos Abiertos) que las administraciones públicas disponen para que ciudadanos, colectivos y empresas tengan cauces para colaborar en los procesos de mejora de la prestación de los servicios públicos, y en otras iniciativas de valor añadido que repercuten en el bienestar social. Existe ya una variedad notable de desarrollos gracias a la transformación y re-elaboración de los datos públicos, unas más “simpáticas” y otras más “antipáticas” para los poderes públicos (véase “Datos abiertos, gobierno abierto” de Jacobo Elosúa). [12] Entre ellas señalamos: dondevanmisimpuestos.es, que permite examinar visualmente la evolución de cualquier partida de los Presupuestos Generales del Estado en los últimos años de forma accesible. Monquartier.heroku.com que permite informarse sobre estadísticas de calidad de vida en un barrio o distrito de ciudades como Valencia o Barcelona. LosPresus.deuna herramienta que permite trazar comparativas de modo muy visual de los presupuestos municipales. Gastopublico.es permite conocer las obras públicas (correspondientes a la administración central del Estado) que hay a tu alrededor y opinar qué te parecen. Sena2.infopara conocer la actividad parlamentaria de los senadores. O bien iniciativas ciudadanas alternativas para conseguir mayor transparencia a partir de documentos en formato PDF, relativos a la declaraciones de nuestros parlamentarios difíciles de procesar, como es el caso de: #adoptaunsenador proyecto de crowdsourcing en el que cualquier persona podía ayudar a transcribir la información contenida en estos PDFs mediante el uso de una sencilla hoja de cálculo. Un escenario ideal para observar la potencialidad de estas aplicaciones lo tenemos en las convocatorias anuales del Desafío AbreDatos es un concurso para el desarrollo exprés de servicios tecnológicos al ciudadano basados en el uso de datos públicos. Una buena práctica de este concurso la encontramos, por ejemplo, en maloshumos.info una aplicación para visualizar la evolución de la calidad del aire en distintas ciudades.

El portal de datos públicos datos.gob.es que ya está disponible con 482 paquetes de datos, y propuestas de calado como OpenData Euskadi, del Ayuntamiento de Barcelona o de la Comunidad de Navarraentre otras, son referentes destacados de datos abiertos de instituciones públicas.

El desarrollo de estas propuestas de open data también podrían convertirse en un terreno abonado para determinadas iniciativas de las empresas del procomún, en la medida que “los recursos que tienen retornos crecientes en el lado de la demanda, como la externalización de redes, son candidatos especialmente buenos para ser procomún” (Yochai Benkler)[13].

Por otra parte, de entre las experiencias recientes más destacables en el ámbito de la colaboración y cooperación ciudadana en torno a potenciales bienes comunes, no podemos dejar de mencionar a Goteo, la primera red social de financiación colectiva, bajo el sello de los proyectos de crowdsourcing , para apoyar iniciativas de filosofía libre y abierta. Las aportaciones monetarias y la colaboración (servicios, infraestructuras, microtareas y otros recursos) generan retornos colectivos e individuales, en función de las características de cada proyecto.

¿Cooperarán los ciudadanos? Para Elinor Ostrom, experta en procomún y Premio Nobel de Economía, hay tres niveles que afectan las decisiones que toma una persona de cooperar en una situación de agrupación común: su identidad, el contexto grupal en el que toman decisiones, y si la situación se repite y si se puede usar la reciprocidad para ganarse la reputación de ser confiable. A tal fin un elemento esencial es la comunicación, que da a los participantes la oportunidad de analizar su forma de entender la estructura del escenario, y la manera de mejorar los resultados conjuntamente. Si este elemento ha supuesto la piedra angular de las diferentes experiencias del procomún a lo largo de la historia, hoy en día, con los avances de la Sociedad de la Información, las opciones de comunicación entre los ciudadanos y la potencialidad de interacción con las instituciones públicas componen un espacio trascendental de cara al impulso del Gobierno Abierto.

Consideramos necesario profundizar en los vínculos entre las ideas derivadas del Procomún y las del Gobierno Abierto, entre otras cosas, por que la democracia tiene que recuperar las políticas sustantivas que defienden la persona y su hábitat, frente a la opresión de los mercados. [14]

Gabriel Navarro


Este artículo corresponde a la intervención en la Mesa Redonda celebrada en la JORNADA: “Procomún e instituciones monstruo: nuevos modos de pensar y producir autonomía” organizada porVicerrectorado de Extensión Universitaria y Administración Electrónica de la Universidad de Murcia, Centro de Estudios 15M y ASEFI (13/12/2010): www.um.es/cultura/doctablon/jornada_procomun_corregido.pdf . Un resumen de este artículo se publicó en el diario La Opinión de Murcia el 7/1/2012 y se puede consultar aquí: www.pactotransparencia.org/?p=271

REFERENCIAS:

 [1] Silke Helfrich (comp.): GENES, BYTES Y EMISIONES: BIENES COMUNES Y CIUDADANÍA. Fundación Heinrich Böll (2008) www.slideshare.net/Gatojazzy/silke-helfrich-genes-bytes-y-emisiones-bienes-comunes-y-ciudadana
[2] En: Silke Helfrich (comp.): GENES, BYTES Y EMISIONES: BIENES COMUNES Y CIUDADANÍA.
[3] Miquel Vidal: Procomún y comunidad. Grupo de trabajo sobre procomún del Medialab. Septiembre de 2007 medialab-prado.es/mmedia/0/220/220.pdf
[4] Álvaro V. Ramírez-Alujas : “Innovación en la Gestión Pública y Open Government (Gobierno Abierto): Una vieja nueva idea…”  – en: Revista Buen Gobierno nº 9 – Jul-Dic 2010 ( ssrn.com/abstract=1820326 )
[5] #oGov: Un nuevo modelo de gestión pública www.ogov.eu/open-government/open-government-un-nuevo-modelo-de-gestion-publica/
[6] Sergio Balardini. Intervención en: IV Foro Internacional de las Sociedades Digitales / Buenos Aires 2011
[7] Silke Helfrich (comp.): GENES, BYTES Y EMISIONES: BIENES COMUNES Y CIUDADANÍA. Fundación Heinrich Böll (2008) www.slideshare.net/Gatojazzy/silke-helfrich-genes-bytes-y-emisiones-bienes-comunes-y-ciudadana
[8] J. Esteban Castro:Los bienes comunes y la ciudadanía: contradicciones de una relación en pleno desarrollo. En: Silke Helfrich (comp.): GENES, BYTES Y EMISIONES: BIENES COMUNES Y CIUDADANÍA.
[9] José Molina Molina: Los Presupuestos Participativos: Un modelo para priorizar objetivos y gestionar eficientemente en la Administración Local (2011) www.pactotransparencia.org/?p=168
[10] David Bollier. El redescubrimiento del procomún biblioweb.sindominio.net/telematica/bollier.html
[11] Miquel Vidal: Idem. anterior
[12] Jacobo Elosúa: Datos abiertos, gobierno abierto www.fronterad.com/?q=datos-abiertos-gobierno-abierto
[13] Yochai Benkler: La economía política del procomún (2003)
[14] José Molina Molina: Los Presupuestos Participativos (idem. Anterior)


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