El futuro de las ONGD: activismo social y político

Por Anouar Marrero

Existe en el Tercer Sector social un debate abierto que se manifiesta en encuentros, blogs, conversaciones en las redes sociales etc. y que se podría resumir en la siguiente pregunta. ¿Cuál va a ser el futuro de las ONGD en un contexto de crisis económica y recortes drásticos de su financiación?

Durante la primera legislatura de Zapatero, la Ayuda Oficial al Desarrollo en España se multiplicó pasando de poco más de 1.000 millones a cerca de 5.000. Esto produjo una suerte de burbuja en el sector, proliferaron las ONGD y la cooperación se convirtió en un campo profesional atractivo para muchos estudiantes, hecho reflejado en la gran cantidad de másteres, cursos y especializaciones que surgieron. Pero la crisis económica ha provocado serios recortes en las partidas dedicadas a solidaridad, lo que unido al ascenso electoral de la derecha neoliberal barrunta tiempos difíciles en los que sector tendrá que reinventarse. Aquí van algunas ideas:

  1. El sector debe reorganizarse. El Tercer Sector en España destaca por estar profundamente atomizado y por la multiplicidad de actores. Esto provoca dispersión en los fondos, en el mensaje y en la capacidad para influir en la agenda mediática y política. Yo he llegado a ver ONGD que surgían en torno a un único proyecto. Es necesaria una reestructuración en la que las organizaciones con ámbitos de trabajos similares se fusionen o se integren en estructuras federales. Uniones como la de plataforma 2015 y más también indican el camino a seguir. Las diversas coordinadoras de ONGD de España pueden ser cruciales en este proceso.
  2. Los socios no son financiadores, son activistas. Que una persona dedique 5 o 10 euros mensuales a una ONGD es un hecho relativamente insignificante si no se enmarca en un contexto más amplio. Los socios tienen que ser personas concienciadas y comprometidas con el proyecto político, que en su vida diaria ayuden a propagar el mensaje de la organización. Sería interesante buscar formas de integrarlos en la gestión de las ONG, creando una asamblea de socios que se reúna mensualmente y tenga capacidad de decisión sobre los proyectos y la acción social.
  3. Hay que huir de la “mentalidad empresarial”. Tres décadas de neoliberalismo y otros tantos siglos de capitalismo han configurado una cultura organizativa en la que parece que todo (Estado, ONG, hasta asociaciones de vecinos) debe ser gestionados como una empresa. Una empresa tiene como fin último la obtención de beneficios y todo se supedita a ese fin. Pero la gestión de una ONGD no tiene absolutamente nada que ver con eso. No se puede supeditar toda la estrategia a la captación de fondos. No hay que olvidar que una ONGD es una organización que surge de la sociedad civil para intentar acabar con situaciones de injusticia, y que ello implica un planteamiento y una acción políticos. La gestión es importante, pero más importante es la acción.
  4. En ese sentido hay que dar un vuelco radical a la comunicación. La comunicación de las ONG en general y de las ONGD en particular ha estado supeditada a la captación de fondos y estructurada en torno a campañas de marketing que buscaban impacto recurriendo a imágenes catastrofistas de hambre, violencia y caos, incentivando los mismos tópicos sobre el Sur con los que en principio se pretende acabar. La comunicación es un vehículo para cambio social, y como tal debe ser tratada, de manera democrática, abierta y participativa. Es necesario incorporar nuevos modelos basados en la Comunicación para el Desarrollo.
  5. Erradicar el “buenismo”. Las ONGD surgen para cambiar una situación de injusticia con causas políticas, económicas y sociales. Y esto implica necesariamente un planteamiento, un discurso político del que no hay que huir. No hay que tener miedo a auto ubicarse ideológicamente. Esto no implica apoyar a partidos concretos o asumir metadiscursos poco útiles para la labor de las ONGD. Pero si reconocer que el mundo, o el proyecto político de defienden las ONGD están claramente relacionados con valores progresistas, de respeto a las diferentes culturas, de internacionalismo, de más democracia, de una economía al servicio de las necesidades humanas etc. Es necesario incidir en el discurso crítico y evitar los mensajes y discursos generalistas y desideologizados que buscan llegar al gran público.

El aumento de la conflictividad social en diversas partes del mundo (países árabes, Chile, el 15M, los disturbios de Londres, movimientos en diversos países de África como Senegal o Malawi) está poniendo de manifiesto que el sistema es insostenible y que está reventando. Creo que en los próximos años nos jugamos la posibilidad de que esta cambio se haga de manera constructiva o que asistamos a episodios violentos. Y creo asimismo que las ONGD deben transformarse para jugar un papel importante en el nuevo escenario, particularmente en lo que atañe a una relaciones políticas y económicas justas entre el Norte y el Sur.

Anouar Marrero
Publicado originalmente en “El fin de la pobreza es una decisión política”

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