35 años de cultura autogestionada.

Por Ateneo Popular 9 Barris

Hay que sumar las acciones culturales transformadoras, los espacios donde se producen y la forma en que los queremos gestionar.

Creemos que en el momento actual, más que hacer apología del proyecto del Ateneu Popular 9 Barris, el hecho de llegar a los 35 años nos debe servir para reflexionar sobre los aciertos y los errores de los procesos sociales que estamos viviendo. Aquí tenéis nuestra pequeña aportación al debate.

En un momento de clara recesión económica y sobre todo ideológica, necesitamos ser protagonistas de la salida a la derrota de un sistema en crisis y necesitamos espacios donde evidenciar otra manera de entender las relaciones sociales. Una manera que sea transformadora y demuestre que existen alternativas a este “caos” interesado.

La Cultura siempre ha sido un recurso necesario para la expresión colectiva. Mediante la creatividad damos forma a utopías deseadas, nos permitimos explicar y dar respuesta a hechos de difícil comprensión. Es entonces que vemos claro y es entonces que somos capaces de actuar.

Por eso es imprescindible que la independencia del hecho cultural, tanto económica como política, sea efectiva, que la libertad de pensamiento y expresión artística sea incuestionable.

El modelo cultural de los países “anglófonos” se está imponiendo a marchas forzadas. Parece que la manera de salir de la crisis sea externalizar, entregar al capital privado y los lobbys culturales todos los recursos y espacios de cultura. No será que, bajo la excusa de la crisis, se quiere manipular esta herramienta tanto preciada para evitar que se genere opinión y movimiento crítico?   Y es que tememos que si no somos capaces de generar una respuesta colectiva a este secuestro, todo el proceso les será demasiado fácil.

Esta operación también tiene una cobertura política. El concepto de Cultura, como un producto a consumir y alejado de la participación, ha calado mucho en la sociedad. Será difícil encontrar aliados para combatir esta posición ideológica, tendremos que multiplicar las acciones y llenarlas de contenido radical. No en vano los últimos días hemos ido conociendo algunas ideas que los conservadores van anunciando, “… recortamos los grandes equipamientos y apoyamos a los espacios pequeños ….”, hábil operación y pura demagogia, quieren decir, “dejamos el gran negocio de la Cultura en mayúsculas los lobbys y desnudamos de contenido a la cultura popular y ligada al territorio, para buscar prebendas … “. Esta transacción del público al privado sólo puede ser evitada potenciando el modelo comunitario. Tenemos que hablar y propiciar actividad cultural transformadora, la que enfrenta ideas, la que crea imaginarios y cohesiona comunidades, en resumen la que genera ideología crítica ante la conservadora.

La recuperación de los espacios culturales por la comunidad tiene en Cataluña una expresión muy antigua, ya menudo los movimientos sociales y vecinales, al tiempo que han luchado por   la recuperación de una antigua fabrica o un edificio histórico para convertirlo en un centro cultural, han incluido   la exigencia de gestionarlo con independencia por parte de los propios vecinos / as. Probablemente en cada barrio de la ciudad podríamos encontrar un ejemplo.

Y es que cuando se pone en marcha este proceso, se manifiesta claramente la voluntad de participar más allá del hecho de obtener un espacio nuevo. Como en todo, hay derrotas y victorias, pero si miramos la historia de las luchas urbanas veremos que hay ejemplos que demuestran este hecho, y que se han convertido polos de atracción cultural importantes, transformadores y perdurables, en muchos casos reflejados en el movimiento obrero de principios del siglo XX tan importante para la historia de nuestra colectividad.

Edificamos los proyectos desde dos fuentes. Hablamos de autogestión de recursos públicos para radicalizar la democracia, y también de generación de recursos propios para asegurar la independencia, Tenemos que afrontar con claridad este tema,   tiene que ver   con el discurso y el proyecto social que defendemos y también con cómo ordenamos los recursos para hacerlo viable.

Si “Reatamos”, nunca mejor dicho, los hechos culturales transformadores, los espacios donde se producen y la forma en que los queremos gestionar, podremos incidir en todo el proceso propiciando la transformación cualitativa de nuestra comunidad. Y hablamos de comunidad para que cada vez es más importante hablar de lo común, de aquello que nos es esencial y que queremos que sea para todas y de todos. La cultura cercana y a raíz de territorio nos lo facilitará.

Es importante apoyar a cualquier iniciativa que potencie la coordinación de proyectos comunes y que multiplique el eco de sus acciones culturales. Vienen tiempos de cooperación. Si queremos ver claro, los proyectos deben ser compartidos y generados entre muchas a la vez.

Seguramente estos son los principales aprendizajes de los 35 años del proyecto Ateneu Popular 9 Barris, independientemente de si hablamos sobre la formación, la producción de espectáculos, haciendo hincapié en la vertiente más artística o social.

La cooperación, el compromiso y la independencia, tanto presentes en aquellas compañeras que entraron en la planta asfáltica un enero de 1977.

Ateneu Popular 9 Barris

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