Una mañana con el Senador Camilo Romero

Por Amalio Rey

Charlando con Camilo Romero

Llevo tiempo posponiendo este post porque no veía la forma de contar mi encuentro con Camilo Romero, el congresista más joven de Colombia, y una persona muy especial.

Nos vimos el 17 de octubre de 2012, unas horas antes de tomar mi avión de regreso. Nathalie Velez (¡¡gracias!!) nos puso en contacto, así que fui a verlo al Congreso, que tiene su sede en el Capitolio Nacional ubicado en la Plaza de Bolívar de la ciudad de Bogotá. Después de varios controles de seguridad, subí a su oficina y pronto comenzaron mis sorpresas. Contaré algunas de las cosas que suceden allí:

  • Es la única oficina de los congresistas colombianos que está totalmente abierta, y llena de gente. Apenas asumió su cargo, Camilo Romero echó abajo las paredes y la hizo diáfana. En la entrada hay una placa que deja clara sus intenciones: “Oficina Publica Abierta y Visible – Camilo Romero, Senador”.
  • Allí trabaja un equipo formado por unos 10 activistas que se dedican a atender por teléfono, Internet o a recibir a ciudadanos que quieran transmitir cualquier idea al Senador. Aquello parecía un avispero, trabajando con varios teléfonos y entrevistándose con gente que venía a verlos.
  • El espacio está dotado de cuatro cámaras de vídeo que transmiten en vivo por Internet todo lo que ocurre en la oficina para aportar transparencia a lo que hace el equipo.
  • Camilo sigue el ritual de grabar en vídeo todos los lunes un informe semanal con el resumen del trabajo realizado como senador durante la semana anterior para rendir cuentas de forma periódica de sus actividades.

Antes de seguir, me gustaría hacer una observación sobre el sistema electoral colombiano.Somos muchos los que en España defendemos las “listas abiertas”, pero no había visto hasta ahora un ejemplo tan bueno como el de Camilo Romero para ilustrar las ventajas de ese sistema. En Colombia los partidos pueden elegir entre listas abiertas o cerradas, y la mayoría lo hace con abiertas como es el caso del Polo Democrático Alternativo que por representación proporcional consiguió 8 escaños, pero que no se repartieron según una lista aprobada por la dirección del Partido (como ocurre en España) sino con arreglo a los más votados, gracias a unas casillas en la papeleta electoral que permiten elegir nominalmente. Y aquí viene lo interesante: según creo recordar, Camilo era el número 45 de la lista del Polo; sin embargo, los votantes lo “recolocaron” 41 puestos por delante del orden que había decidido el aparato al ser finalmente el 4º más votado. Una persona como él nunca hubiera conseguido entrar en el Senado según el sistema de listas cerradas porque probablemente sería visto como “un peligro” desde el estatus-quo que controla esas organizaciones. Es un buen ejemplo de cómo el criterio ciudadano puede imponerse sobre el del Partido fomentando así la independencia de los candidatos respecto del aparato que los gobierna.

Mi anfitrión me contó que está decidido a perder dentro, para ganar fuera”, o sea, buscarse problemas dentro del poder (Senado, congreso, etc.) pero cumplir su compromiso con la ciudadanía que le votó y espera de él una postura valiente. Tiene claro que la batalla hay que hacerla a favor de los “de fuera” para que sean ellos los que contribuyan a cambiar a los “de dentro”. Y yo veo eso como un requisito sine qua non para que una persona, que llega a instituciones oficiales desde movimientos ciudadanos, consiga ser fiel al mandato dado.

Camilo honra ese principio. Está liderando, por ejemplo, una iniciativa para conseguir un referendo constitucional que permita revocar el mandato de los congresistas. En Colombia se pueden revocar a alcaldes y gobernadores si se junta un número mínimo de firmas, pero no a congresistas que están casi blindados. Necesita para ello 1.6 millones de firmas, y en eso está trabajando el movimiento “Nueva Ciudadanía”. Huelga decir el mérito que tiene que siendo uno más de esos congresistas, Camilo Romero se empeñe en promover leyes que van en contra de privilegios de sus colegas de bancada. No es ninguna tontería que un senador se atreva a repetir, una y otra vez en el Congreso, que éste no representa a la ciudadanía y que está deslegitimado. Ahí están sus vídeos como prueba.

Conversando después con amigos colombianos sobre Camilo, me decían que “es muy verraco estar solo en un nido de ratas” porque “este flaco está luchando casi en solitario contra la mafia política tradicional”, poniendo incluso en peligro su integridad física así que por eso hay que cuidarlo. Va protegido por su equipo de escoltas, e incluso mientras nos movíamos dentro de las dependencias del Congreso, siempre nos seguía un guardaespaldas.

En medio de la amena conversación que teníamos en la oficina, se produjo un hecho que le obligó a dirigirse a la plenaria. Me invitó a acompañarle, así que le seguí no sin cierta perplejidad. A partir de ahí todo fue un poco surrealista. En el camino saludó a muchas personas, congresistas, con los que mantuvo un diálogo simpático y cálido, a pesar de ser de tendencias muy contrarias. Noté que Camilo no perdía nunca la sonrisa mientras les decía las cosas más osadas, transmitía una amabilidad que seducía, y le trataban con indisimulada admiración. Después me insistió que las ideas hay que defenderlas hasta el final pero “sin insultar”, y que ese es un principio básico para él porque “el respeto no se impone, sino que se gana”.

Me sorprendió el “Salón Social” que hay contiguo a la Sala Plenaria donde el Congreso realiza las sesiones oficiales (solo una puerta los separa, que se abría y cerraba sin mucho control). Aquello era un hervidero de personas, parecía una verbena. Muy informal, la gente entraba y salía, como si allí se estuviera produciendo un debate paralelo al de la plenaria. En ese espacio se conspiraba, se hacía lobby, y servía al mismo tiempo para relajarse y liberar tensiones.

Camilo me hizo entrar al salón plenario de Congreso, para que viera a los diputados en una de sus sesiones. Me sentía raro allí, entre tantas corbatas; pero la espontaneidad de mi anfitrión hizo todo más fácil. Me presentó como “experto español en innovación” al decano del Congreso, al Ministro de Trabajo y a varios senadores, y el trato que recibí de todos fue muy especial seguramente gracias a la consideración que le tienen a Camilo. No sé si le quieren, supongo que algunos no, porque “molesta” bastante, pero está claro que le respetan porque ven en él una figura auténtica, con voz independiente y un  futuro más que prometedor.

Compartimos nuestro encuentro en la oficina con Liliana Pardo, persona muy cercana a Camilo y que forma parte de su equipo. Liliana es más conocida en Colombia como la vieja que le entregó el huevo a Uribe por su acto de rebeldía contra el ex presidente al que le entregó un huevo en señal de protesta por sus políticas (aquí el vídeo y una entrevistaque lo reseña). Liliana es una luchadora, una joven activista llena de humanidad. Nos fuimos después de la entrevista a comer juntos, y me describió a Camilo como un ser humano muy bonito, muy dado a la gente con el que vale mucho la pena comprometerse por lo que es, y lo que hace.

Su movimiento no quiere caer en el maniqueísmo de cierta izquierda, y prefiere distinguir dónde están los verdaderos adversarios. Por ejemplo, están participando activamente en la Reforma Laboral de los Policías y Retirados del Ejército y han recibido críticas por eso desde la izquierda más tradicional, pero ellos tienen claro que una cosa son las jerarquías de los poderes hegemónicos, y otra las personas, los policías en su condición de trabajadores. Ese acercamiento al policía llano, para defender sus derechos, hace que se les mire con simpatía desde sectores que antes mostraban una gran desconfianza hacia perfiles como los de Camilo.

Colombia parece ir bien porque muestra indicadores de mejora muy notables, pero la desigualdad y la injusticia siguen siendo brutales. Camilo me ponía como ejemplo su Departamento de Nariño, y las diferencias tremendas que se perciben al traspasar la frontera con Ecuador, un país mucho más pobre que Colombia pero donde la gente vive mejor que en Nariño. Ahí faltan, se quejaba, políticas sociales que velen por un reparto más justo de la riqueza.

También hablamos de España y del movimiento #15m, que ellos siguen de cerca. Comparando experiencias llegué a la conclusión de que para que estas iniciativas ciudadanas prosperen y tengan un impacto visible, deben centrarse en reivindicaciones concretas. Ellos convocan movilizaciones en torno a leyes y problemas muy delimitados: reforma de la justicia, revocatoria de diputados, reforma de la educación, etc. Identifican un fallo del sistema que es suficientemente importante, y se centran en él hasta conseguir resultados. No se dispersan en reclamos sistémicos y difusos que son más difíciles de tangibilizar o de sumar consensos mínimos.

Ese enfoque “gradual y con foco” me parece mucho más efectivo que el que hemos seguido con el #15m, donde se han abierto muchos frentes a la vez en lugar de focalizarnos en una o dos demandas puntuales que pudieran traducirse en cambios legislativos significativos. Estaba pensando que si empezáramos convocando manifestaciones para echar abajo, por ejemplo, la actual legislación hipotecaria (una monumental injusticia), y nos centráramos “sólo” en eso, quizás sería un buen comienzo para una vez que lo consigamos; seguir abriendo de forma secuencial nuevos frentes (uno a uno) que ayuden a percibir que lo que hacemos tiene un impacto tangible. Un triunfo ciudadano llevaría a otro, y así sucesivamente, hasta revertir la asimetría actual.

Después de conocer más su historia, se me ocurrió que existen muchos paralelismos entre Camilo Romero y el bueno de Alberto Garzón. Además de ser los más jóvenes de sus respectivos congresos y aportar una frescura inusual a la política institucionalizada, usan las redes sociales como estrategia de movilización y provienen de movimientos ciudadanos, una decisión por la que en su momento fueron criticados y que en ambos casos aplaudo porque sé que necesitamos personas como ellos en todos los sitios.

Sigo a Alberto Garzón por Twitter y voté a IU en las últimas elecciones sólo para conseguir que él entrara por Málaga en el Parlamento, pero no le conozco personalmente. Así queme encantaría que este post sirva de excusa para ponerlos en contacto, porque la gente buena se tiene que encontrar, y sé que habría química porque tienen mucho en común.

Pues nada, hay que vigilar de cerca a este joven político sudamericano porque si el mundo se volviera meritocrático, Camilo Romero tiene muchas posibilidades de ser algún día Presidente de Colombia. Mientras tanto, se va acostumbrando a que le pidan esto: Vos no te podes torcer, y me supongo que Alberto Garzón estará bastante habituado a que le digan lo mismo a su manera.

Amalio Rey

Tienes imágenes de mi visita en Flickr. Aquí algunos vídeos donde puedes ver a Camilo en acción:

Informe Semanal de Camilo Romero que reseña nuestra visita y entrevista (min. 2:35)

Descripción de la Oficina Pública, Abierta y Visible del Senador Camilo Romero

Camilo Romero, la voz de la ciudadanía indignada en el Congreso

(Esta entrada fue publicada originalmente en el “Blog de Amalio Rey” el 22 de diciembre de 2012)

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