Pistas para recrear el voluntariado

PYFOOSS1Por Fernando de la Riva

La del “voluntariado” es una construcción conceptual y terminológica relativamente reciente, al menos en nuestro contexto geográfico y temporal próximo.

Una construcción genérica y confusa (tanto como la de Tercer Sector, o la de ONG, entre otras), que ha servido de “cajón de sastre” para meter en un mismo saco al voluntariado olimpico junto con brigadistas de la alfabetización, a quienes luchan contra la pobreza  y a quienes colaboran voluntariamente al éxito de la Copa América de Vela.

Un voluntariado que ha sido promovido como “yacimiento de empleo”, como itinerario de incorporación de la gente joven al mercado de trabajo, fomentando así un cierto desapego hacia las causas de la acción voluntaria y ciertos rasgos “mercenarios” en el compromiso de muchas personas.

Un voluntariado vendido como “ejercicio saludable” para la ciudadanía, subrayando sus beneficios –en términos de salud mental, fortalecimiento de las redes relacionales, adquisición de habilidades sociales, etc.- para las personas voluntarias, pervirtiendo así la centralidad de las personas y grupos vulnerables, desviando la atención de las causas estructurales que están en el origen de sus necesidades.

Un voluntariado intrumentalizado de forma clientelar, usado y abusado con fines propagandísticos, malentendido, prostituido, traído y llevado, temido y controlado…por los poderes públicos.

Pero, junto a esas perversiones de los conceptos, de los lenguajes y de las prácticas, lo cierto es que, del mismo modo, en el voluntariado se reconocen una gran cantidad de personas comprometidas y solidarias y una multitud de pequeñas –y no tan pequeñas- organizaciones.

Esas organizaciones han sostenido miles de actividades y proyectos dirigidos a apoyar y acompañar a las personas y grupos sociales más vulnerables de nuestra sociedad: las personas ancianas, las mujeres maltratadas, las personas con  discapacidades o enfermedades raras, las toxicómanas, las afectadas por VIH-Sida, las personas sin hogar, las inmigrantes, menores en riesgo de exclusión, personas analfabetas, etc., etc., etc. En suma, las personas y sectores excluidos por el sistema (un sistema anti-personas).

Además, las personas y organizaciones de acción voluntaria se han ocupado de denunciar injusticias, desigualdades, vulneraciones de derechos, abusos de poder, delitos medioambientales… y han promovido valores como la justicia, la libertad de conciencia, la no violencia, la igualdad de género, el respeto a los animales y a la naturaleza, la solidaridad, la cooperación, el apoyo mutuo… Esas organizaciones solidarias han sido una reserva de valores humanos en un mundo más y más “des-valorizado”.

Y, con todos sus pros y contras, con sus evidentes contradicciones, las organizaciones de acción voluntaria han contribuido a crear un entramado de relaciones, un tejido social fundamental para articular la comunidad, para garantizar su cohesión, para sostener la arquitectura convivencial de nuestros pueblos y ciudades. Han sido parte fundamental del necesario capital social de nuestros pueblos y ciudades.

En la actualidad, las organizaciones solidarias están conteniendo el temido estallido social, aliviando las peores consecuencias de una crisis brutal, asistiendo a las personas y grupos sociales más golpeados.

El paisaje está cargado de desafíos y el horizonte es incierto. Los paradigmas y los instrumentos que nos servían para leer e interpretar el mundo están patas arriba. Las viejas respuestas ya no responden.

El voluntariado -al igual que las empresas, y la administración pública, y la educación, y la comunicación, y las organizaciones solidarias… y toda nuestra sociedad en todos sus aspectos y dimensiones- necesita re-crearse para adecuarse a la nueva era en la que hemos entrado.

No es solo una cuestión cosmética, estética, de forma e imagen. Ni siquiera es cuestión, solamente, de re-crear las metodologías de actuación y las formas de organización de la acción voluntaria.

Es preciso reinventar los conceptos, los lenguajes y las prácticas para construir una acción voluntaria que responda a las circunstancias y las necesidades de un tiempo nuevo.

No tenemos disponibles –yo al menos- las claves, los modelos contrastados, los nuevos paradigmas. Todo está –en gran medida- por construir. Y este es el tiempo de las preguntas, de las búsquedas, del aprendizaje, el tiempo de la construcción, el pensamiento colectivo y el debate.

Por mi parte, esto es lo que propongo: recrear el voluntariado, sus conceptos, sus valores, sus lenguajes, sus prácticas; recrear sus organizaciones, sus modelos organizativos, sus formas de acción e intervención social, sus formas de relación, cooperación y participación en las redes sociocomunitarias.

Recrearlas –las organizaciones de acción voluntaria- con la máxima implicación y participación de quienes las forman, empezando por las personas y grupos sociales a quienes acompañan y por las personas voluntarias.

Recrearlas en y desde la cooperación mutua, desde el trabajo en red.

Abriéndolas a la comunicación y el diálogo, a la construcción colectiva, convirtiéndolas en escuelas de participación, de cooperación, de ciudadanía activa.

Incrustando sus prácticas en las nuevas lógicas sociocomunitarias que se precisan, en la construcción del procomun y la “cuidadanía”, difuminándose en las dinámicas de los movimientos sociales, convirtiéndose en uno de sus más activos sujetos dinamizadores (que no protagonistas).

Recuperando el sentido y la intención política (que no partidista) de su acción, entendiéndola como parte del proceso local y global de puesta en pie de una nueva sociedad para un nuevo tiempo, de la construcción de otro mundo posible.

Pero, claro, es fácil predicar sin dar trigo, señalar un horizonte de cambio para el voluntariado y las organizaciones de acción voluntaria sin hablar de los “cómos”, de los caminos para avanzar hacia él.

Creo que, en esta nueva era, ante la ausencia de paradigmas, los caminos se hacen al andar –como proponía el maestro Antonio Machado- y no nos queda otra que hacerlo paso a paso, aprendiendo de cada uno de ellos.

Pero no es –también lo creo- un camino a ciegas. Hay pistas en el pasado y en el presente, dentro y fuera del campo específico de la acción social, que pueden servir de referencia en la recreación de un nuevo voluntariado transformador, y me atrevo a recordar algunas, entre otras muchas:

  • Recuperar la memoria. No venimos de la nada, acumulamos una larga tradición y experiencia. En el pasado fuimos capaces de poner en pie iniciativas de acción voluntaria y crear organizaciones que transformaron la realidad, que mejoraron el mundo. Lo hicimos desde el entusiasmo y el compromiso, desde la creatividad y la ilusión. Las organizaciones solidarias tienen mucho que ver con las mejores conquistas sociales de nuestro tiempo, con los mejores logros, con los valores más positivos que hoy siguen existiendo. Sabemos hacerlo, aunque hayamos perdido la memoria y nos hayamos acomodado en las zonas de confort individuales y colectivas. Tenemos mucho que aprender de nuestra propia experiencia, recuperándola críticamente. Sabemos y podemos, solo hace falta que queramos.
  • Aprender de las nuevas iniciativas sociales. Son miles las iniciativas que, en todos los campos, están surgiendo día tras día para dar nuevas respuestas a las necesidades de un nuevo tiempo. Pequeños grupos y colectivos re-inventando las formas de hacer las cosas, de pensar, de aprender, de comunicarnos, de crear juntas, de producir, de consumir, de compartir, de intercambiar, de vivir, de convivir… Es el momento de abrir nuestros oidos y nuestros ojos, de aprender de todo lo que –aunque a menudo invisible- está ocurriendo a nuestro alrededor. Podemos mencionar muchos ejemplos de esas iniciativas de las que aprender: las comunidades de aprendizaje, los huertos comunitarios, las cooperativas de consumo, las cooperativas integrales, la recuperación de pueblos abandonados, la ocupación de corralas, los centros sociales ocupados…
  • Apostar por la innovación. Perder el miedo a experimentar, a probar, a equivocarnos… para poder aprender de cada error. No hay renovación sin innovación, sin cambio, sin imaginación, sin creatividad. Los procesos de recreación del voluntariado y de las organizaciones de acción voluntaria exigen imaginar nuevas formas de acción y de organización –soñar una nueva realidad, como apuntaba Paulo Freire- para poder construirlas después. Afortunadamente, cada día nos es más familiar el concepto y la práctica de la innovación social, con múltiples experiencias como los centros de innovación social (Eutokia, o el proyecto de impulso del procomún y del emprendizaje social Colaborabora…), la explosión de la microfinanciación colectiva (crowfunding) o de los espacios compartidos de trabajo (coworking), iniciativas innovadoras que combinan el activismo social con la expresión creativa o artística (“artivismo”), nuevas formas de protesta (Femen, Circa, Flo6X8, Consume Hasta Morir…), etc.
  • Incorporar la hibridación, el mestizaje organizativo. Aprender de otros campos de acción, de otros sectores de actividad. Transversalizar y multidisciplinar la acción voluntaria y su abordaje. Combinar y complementar las distintas soluciones organizativas, los proyectos de intervención social y los proyectos productivos (economía social, cuarto sector…) para hacer viables los proyectos y sostenibles las organizaciones. El paso de organizaciones sólidas a organizaciones líquidas, más flexibles y dinámicas para desenvolverse en una realidad cambiante, mutando sus estructuras de acuerdo con las necesidades. Experiencias como La Fageda, la Cooperativa La Olivera y otras empresas de economía social que facilitan la inclusión de personas con discapacidades, el Rastro Solidario, etc.
  • Invertir –recursos, esfuerzos…- en la educación para la participación. Hemos utilizado mucho la palabra “aprender”, y es que los nuevos tiempos precisan como condición necesaria de nuevos aprendizajes. La participación -en la intervención social, en las organizaciones- no viene “de serie”, hay que aprender a construirla. Y eso supone, también, desaprender previamente muchos de los vicios, rutinas, prejuicios, clichés, estereotipos, inercias… que lastran la participación social en el presente. Hablamos de todas las formas posibles de aprendizaje de la participación, y especialmente, del aprendizaje de la participación entre las personas más jóvenes. Algunas experiencias ponen el acento en estas búsquedas, algunas tan cercanas como la Red de Educación para la Participación Juvenil Creando Futuro.
  • Optar por la suma de esfuerzos, la sinergia, la cooperación. La construcción del nuevo voluntariado y de las nuevas organizaciones de acción voluntaria solo puede ser una tarea colectiva a la que contribuyan las distintas organizaciones, horizontalmente, transversalmente, superando barreras “temáticas”, desde enfoques globales y complejos… También en este orden cabe reseñar la profunda evolución que ya se está produciendo en muchas redes y espacios de cooperación, y la emergencia de nuevas iniciativas que promueven y facilitan el encuentro, el intercambio, el aprendizaje de la cooperación… Podríamos mencionar muchos ejemplos, pero por su cercanía, permítasenos mencionar el Proyecto Sinergias que venimos promoviendo en Andalucía, y en confluencia con otras iniciativas semejantes de otras CCAA, desde hace un par de años, o el espacio Tejiendo Redes de Participación Social,  y también al Grupo Cooperativo Tangente, un ejemplo de confluencia organizativa de distintas cooperativas y colectivos de iniciativa social.
  • Apropiarnos de las TIC. Hoy es perfectamente posible construir organizaciones abiertas, organizaciones 2.0 basadas en la comunicación, el diálogo y la participación entre sus miembros –todo tipo de miembros- y de estos/as con el entorno social, con la comunidad donde viven y actúan las organizaciones. Pero, además, las redes sociales son hoy las nuevas plazas públicas donde se produce una parte fundamental del diálogo social y donde han de aprender a leer la realidad las organizaciones solidarias, en un ejercicio de escucha permanente. Esa escucha debe ser una fuente destacada de innovación de las organizaciones. Sobre el uso social de las TIC, en los nuevos movimientos sociales, en el 15M, se ha escrito mucho últimamente, y esperamos que ello contribuya a remover los demasiado lentos procesos de apropiación social de las TIC por parte de las organizaciones de acción voluntaria. Sobre ello son, afortunadamente, cada día más visibles los ejemplos, como los grupos de Democracia Digital, la red social N-1. etc.

Las que hemos mencionado no son sino algunas de las pistas que deben inspirar las búsquedas en la construcción de un nuevo voluntariado y las nuevas organizaciones solidarias. Muchas de ellas han sido ajenas, en el pasado, a la reflexión sobre el voluntariado y la acción voluntaria, pero hoy son referencias doblemente interesantes en la medida que nos llegan desde ámbitos no convencionales que pueden servirnos para hacer las traducciones y aplicaciones necesarias.

 

(Este texto es un extracto del más amplio: “Recrear el voluntariado –desde la participación- para transformar–desde la acción solidaria-  el mundo” elaborado para una próxima publicación de la Universidad Internacional de Andalucía, UNIA, sobre el voluntariado).  

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Acerca de Fernando de la Riva

Nací en Madrid en la segunda mitad (por los pelos!) del siglo XX. Estudié Historia Moderna y Contemporánea, aunque toda mi vida profesional la he dedicado a la Animación Social y la Consultoría de Organizaciones. Llevo 19 años viviendo en Cádiz. http://www.memoriasdelfuturoimperfecto.blogspot.com
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5 respuestas a Pistas para recrear el voluntariado

  1. Realmente necesaria la lectura de este post y realmente necesario un cambio en la forma de ver y hacer voluntariado. Nunca me gustó esa palabra y desde que tengo uso de razón he participado de diferentes asociaciones (asociacionismo una palabra también denostada, olvidada) pero nunca me he sentido voluntaria sino militante social (tampoco me gusta que los partidos y sindicatos se hayan apropiado de esta palabra) así me identifico y ahora también milito en el espacio 2.0 porque sí creo que debemos y con urgencia llegar a la apropiación real de la red para que de nuevo no sea un espacio arrebatado a la ciudadanía como ha ocurrido con los espacios públicos. La memoria nos debe hacer recordar que la apropiación de la calle de las ciudades, de nuestros espacios públicos realmente nos ayudarán a avanzar en favor de lo común del pro-común. En un momento como el actual, con la muerte del Estado del Bienestar, la mercantilización de muchas de las acciones de voluntariado están a la orden del día pasando a pensar en acciones de caridad más que en la búsqueda de una justicia social para todos. Es por todo esto que creo sin duda que nuestra capacidad de re-inventarnos de acudir a la creatividad y a la innovación lo que hará que volvamos a tejer una red lo suficientemente solida de renovada participación social, o cómo ahora me gusta decir de hacktivismo ciudadano.

    • A mi también me gusta “activista”, porque habla de actuar, de hacer, e incluso “militante”, que, aunque cargado de connotaciones militaristas, habla de lucha, de compromiso… Pero creo que el problema no son -fundamentalmente- las palabras (aunque el lenguaje siempre conlleva una cierta visión del mundo, una ideología) sino las prácticas, la manera de actuar y la forma de organizarse.
      Mi apuesta (o mi deseo) es por una acción voluntaria que sea transformadora, que sirva para cambiar el mundo y para hacerlo con nuevas herramientas y metodologías.
      Me alegro de estar en ese mismo camino contigo, Marimar.
      Un saludo cordial

  2. Fernando estás que te sales….
    un beso y un abrazo fuerte,

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