Educación para la participación en el cambio de era

Por Fernando de la Riva

 

 

 

 

 

El mundo patas arriba

Como se encargan de recordarnos los estudiosos de la realidad, vivimos una era de cambios tan importantes que más bien hemos hablar de un “cambio de era”. Son cambios profundos y afectan a todos los órdenes de la vida personal y colectiva, la comunicación, el conocimiento, la ciencia, la educación, las relaciones, la economía… Son vertiginosos, se producen en plazos de tiempo rapidísimos y tienen un alcance universal, afectan -de una u otra forma- a toda la humanidad sin que sea posible escapar de ellos.

Al mismo tiempo, esa humanidad enfrenta hoy retos inéditos en su historia, se nos acumulan las “crisis” –medioambientales, económicas, migratorias, energéticas, alimentarias, etc.- hasta el punto de que también se ha llamado a la nuestra la “Sociedad de la Crisis” porque, lejos de ser una excepción, las crisis son la regla, pauta “normalizada” del paisaje en el que hemos de desenvolvernos.

El caso es que no parece que tengamos soluciones y respuestas eficaces a los problemas que enfrentamos. Ni las viejas soluciones del pasado, ni los avances tecnológicos del presente, parecen suficientes para asegurar un horizonte de felicidad (ni tal vez de supervivencia) al conjunto de la humanidad. Solo queda cruzar los dedos para que la tecnología encuentre las respuestas que hoy nos faltan o aceptar un futuro incierto y oscuro.

En nuestro escenario más próximo también vivimos cambios significativos. No solo los que nos corresponden como parte de la humanidad, sino los propios de un país que ha experimentado en los últimos años transformaciones profundas.

Desde el 15M de 2011 hemos visto crecer la indignación, la protesta, la reacción popular frente a la desigualdad, la pobreza, la corrupción política… Una población que parecía dormida ha empezado a despertar y cuestionar el sistema político y económico establecido.

Todo está “patas arriba” (recordando a Eduardo Galeano) y una de las palabras de moda es “reinventar”. Reinventar la administración pública, la política, los partidos, los sindicatos, las organizaciones sociales, la educación, la economía, etc. Necesitamos reinventarlo todo.

La esperanza de la inteligencia colectiva

Una novedad, en comparación con otros períodos históricos de cambio, es la “dimensión colectiva” de éste. Nuestro mundo es, como consecuencia de la revolución de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) aquella “aldea global” que vaticinará MacLuhan hace décadas. Esas mismas TIC han puesto en evidencia que el reto no es hoy acceder al conocimiento, más a nuestro alcance que nunca, sino gestionarlo, procesar e interpretar el extraordinario volumen de información disponible, para ser capaces de convertirlo en respuestas útiles a las grandes preguntas. Y ese reto descomunal solo es abordable desde una nueva cultura de la cooperación en la que el conocimiento ya no es más objeto de acumulación sino objeto de intercambio: hoy no es más sabia una persona cuanta más información retiene sino cuanta más comparte.

Vivimos –y esto forma parte del lado luminoso de la fuerza en estos tiempos oscuros- una eclosión de la inteligencia colectiva y cooperativa, cada día más imprescindible.

Hoy somos más conscientes que nunca de que necesitamos poner a funcionar toda la inteligencia posible, en todos los lugares del mundo, y ponerla a cooperar para buscar y aplicar las respuestas necesarias a los desafíos de este tiempo.

Eso no quiere decir que no sean importantes las personas expertas, los y las genios, las inteligencias personales. Siguen siendo necesarias, pero solo si son capaces de interactuar, de sumar fuerzas.

La educación para la participación

Por todo lo dicho, la educación para la participación se convierte en una necesidad estratégica de primer orden.

Necesitamos personas, colectivos, comunidades, que sepan aprender y actuar juntas, que sepan cooperar y trabajar en equipo, que sepan resolver conflictos, establecer consensos, tomar decisiones… que sepan tomar parte en los procesos colectivos de búsqueda y desarrollo de alternativas a los viejos y nuevos problemas, de soluciones a las grandes necesidades de un planeta y una humanidad que parecen bordear los límites de su supervivencia.

Estas habilidades personales y sociales son imprescindibles si queremos alcanzar ese otro mundo posible que soñamos.

Y entonces se dibujan con fuerza dos actores fundamentales:

En primer lugar la escuela, el sistema educativo, desde la escuela infantil a la universidad. Lo sabíamos desde siempre, pero ahora es más claro que nunca que, frente a la obsesión por la acumulación bancaria de conocimientos (que diría Paulo Freire), la educación ha de dar prioridad a la formación de personas capaces de pensar, decir y hacer por sí mismas y de hacerlo juntamente con otras, capaces de activar la inteligencia colectiva que es nuestra principal esperanza.

Y, en segundo lugar, las organizaciones altruistas y solidarias, las mal llamadas Organizaciones No Gubernamentales, aquellas que –consciente o inconscientemente- cumplen un papel fundamental en la educación socio-comunitaria, la educación informal, la educación en valores de una sociedad que los necesita más que cualquier otra cosa. Porque esas otras cosas –la justicia, la igualdad, la libertad, la paz, el cuidado de la naturaleza, etc.- solo serán posibles si nacen de ciertos valores esenciales.

(Este artículo fue publicado inicialmente en el número 171 de la revista Monitor Educador)

 

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Acerca de Fernando de la Riva

Nací en Madrid en la segunda mitad (por los pelos!) del siglo XX. Estudié Historia Moderna y Contemporánea, aunque toda mi vida profesional la he dedicado a la Animación Social y la Consultoría de Organizaciones. Llevo 19 años viviendo en Cádiz. http://www.memoriasdelfuturoimperfecto.blogspot.com
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2 respuestas a Educación para la participación en el cambio de era

  1. Pedro Varo dijo:

    Tras leer atentamente tu escrito y coincidir plenamente en la mayoría del mismo, tengo que decirte que yo no tengo tanta fé como tu en los dos actores principales que señalas para liderar este cambio: la escuela y las ONG,s.

    Precisamente la actual escuela es una de las causantes de que estemos donde estamos, dado que carece de la capacidad, hoy por hoy, tanto para garantizar conocimientos de calidad, como para ser capaz de educar en valores, sobretodo del saber ser, lo que exige que los agentes educativos sean coherentes y ejemplo de referencia para sus alumnos. Tampoco veo que esten preparados para trabajar en inteligencia cooperativa ,ni en saber cambiar. Ni se da la importancia que tienen hoy las lenguas, las matemáticas, la elaboración de proyectos, la música y la educación cívica y para la participación responsable ( no olvidar el adjetivo calificativo), por citar cinco campos que me parecen esenciales para abrirse paso y garantizar la convivencia pacífica y la participación en el futuro. Símplemente no tenemos los maestros preparados para llevar a cabo estas tareas, salvo excepciones, que también las hay.

    Cuando hablo de la escuela , me refiero tanto a los profesores cómo a todo el entramado co-educativo en esta etapa, sistema educativo de las Autonomías, ( yo abogo por una educación europea con el 90% de las materias comunes, no por el despiece de la educación, que lo único que hace es crear más desigualdad) lo que engloba también a los padres y el papel colateral que juegan en este proceso (demasiado proteccionista, en vez de exigir al niño también ellos un rendimiento y ayudarle a conseguirlo, junto a la educación en valores, que muchos se aprenden en el hogar).

    Otro elemento a cambiar radicalmente es el concepto de la educación pública, que existe en España, ya me gustaría que nuestros mandamases se diesen una vuelta por estos países de Europa central y del este y por los países nórdicos a ver si cambian radicalmente su concepto de lo público. En definitiva nuestro concepto de lo público tiende a la mediocridad, mientras que el concepto de lo público en otros países busca más decididamente el esfuerzo y la excelencia.

    Resumiendo, que la educación necesita un cambio de 360 grados en España y liberarle de los corporativismos, que es uno de nuestros males nacionales, que nos impiden avanzar.

    Respecto a las ONG,s que te voz a decir que tu no sepas y hayas ya vivido. El corazón sin cabeza, que se observa en un numero considerable de ellas, va a pocos lados, y seguramente empuja a lo contrario de lo que predica, dada su incoherencia. Conocemos las dificultades para introducir cambios en las mismas, cuando se van los fundadores, lo difícil que es sustituirles. El otro riesgo es que se conviertan en máquinas, al fin y al cabo al servicio de una serie de puestos de profesionales, que luchan por su supervivencia. Sin que esto suponga negar su valor, pero de ahí a tener un papel protagonista a nivel social y convertirse en líderes de los cambios, pues no veo las capacidades.

    Creo que los líderes que buscas para establecer los cambios no anidan en ningún lugar especial, y ya me gustaría a mí, salieran de la propia ciudadanía, si es que hoy existen creo que son hombres libres, alegres, abiertos al y lo distinto, curiosos, humildes, con capacidad de lucha, que no han renunciado a sus valores y que disponen de distintas fortalezas, de conocimiento, metodológicas, relacionales, de independencia personal, éticas y estéticas, capaces de establecer compromisos para la búsqueda del progreso y el bienestar colectivo.

    Saludos desde Sevilla, hoy que celebramos el Día de Europa.

  2. Francisca Hidalgo Ortiz dijo:

    Particularmente me gusta muchísimo el enfoque que propones en tu artículo. Está claro que cualquier transformación, que cualquier cambio de paradigma implica que todos y todas las personas, los/las agentes sociales, salgan de su zona de confort.
    Como técnica de una ONG desde el año 92, que trabaja “motivadamente” en precario, en concreto en el ámbito de las adicciones, me gustaría poner de manifiesto que siempre quisimos un modelo de inclusión y de participación comunitaria y que en realidad y por toda la trayectoria de APOYAT, me gustaría decir que ante todo y muy a pesar de la Administración, con sus compartimentos estancos, no sólo somos una Asociación que da tratamiento y asistencia, somos una asociación tapadera, puesto que nuestra acción es eminentemente educativa. Procuramos implicar a los/as orientadores/as de los IES y Colegios Públicos en problemas comunes, poniendo en marcha proyectos comunes ante problemas comunes y pocurando en los chicos y chicas la conexión con uno y una misma y por tanto con todos los demás.
    Es una nueva cultura y ponemos nuestro granito de arena para conseguir esta nueva sinergia colectiva hacia la responsabilidad y el bienestar de todos y todas.
    Desde Villanueva de la Serena, en esta Extremadura cañera, os envío un abrazo.

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