EDUCACIÓN PARA (desde) LA PARTICIPACIÓN EN ANDALUCÍA. Otro reto colectivo.

dsc0171por Antonio Moreno Mejías
Colectivo de Educación para la Participación, CRAC

A modo de introducción. ¿Qué entendemos por EPA?

En el complejo contexto en el que estamos viviendo la liberalización se ha impuesto a la regulación o autogestión y las decisiones realmente importantes para nuestra vida se están tomando en organismos internacionales sin control democrático, que anteponen los intereses del capital financiero a las condiciones de vida de la humanidad.

A su vez aparecen respuestas desde los movimientos sociales a esta situación; prácticas, experiencias, proyectos, movilizaciones y un incremento del número de personas que, de formas muy diversas, intentan responder a los graves problemas de la realidad. Este es el campo en el que operamos desde la Educación para (y desde) la Participación (EPA en adelante). Son tiempos para la auto-organización, ya sea para plantear reivindicaciones, generar cooperativas o hacer una llamada al cambio de nuestras pautas de consumo; para la construcción de otro mundo posible es imprescindible favorecer procesos de aprendizaje en, desde y para la participación social.
Entendemos la EPA como un proceso de aprendizaje de los conocimientos, competencias, habilidades y valores necesarios para conseguir traducir las ideas en acción de forma autónoma, así como la incorporación de capacidades para organizar y organizarse de forma colectiva.

Existen al menos dos retos educativos que abordar:

– Aprender a trabajar con otras personas desde una nueva cultura de la cooperación, el apoyo muto y el compartir.

– Aprender a reconocer y gestionar nuestras emociones desarrollando nuestra inteligencia emocional. La “participasión” entendida como la gestión positiva de las emociones a favor de procesos participativos. Crear espacios en los que el componente emocional sea reconocido como un eje básico para las relaciones sociales, donde el cuidado ocupa un lugar central y el crecimiento colectivo está vinculado al crecimiento personal.

Por otro lado, se reconoce la necesidad de aportar a las generaciones más jóvenes las competencias básicas para una mayor participación ciudadana, contemplando en ello la incorporación no solo del conocimiento de las instituciones democráticas, sino de los mecanismos de la democracia participativa. Debatir sobre problemas comunes, hacer propuestas de mejora, hacer llegar demandas a personas con responsabilidad política, incluso testar formas de reparto de presupuestos, son hoy prácticas reconocibles, aunque decididamente minoritarias.

La EPA, en definitiva, es una apuesta por una pedagogía basada en:

La relación con el entorno, el medio ambiente y el contexto cultural, posibilitando una visión crítica que permita la percepción de nuestras condiciones y cómo nos afectan en todos los aspectos de nuestra vida.
La ética de los cuidados, integrando en las acciones y aprendizajes la afectividad, la equidad y las relaciones por y para el cuidado de las personas, los vínculos, los procesos, los espacios, etc.
La facilitación de la escucha y la gestión de procesos de comunicación libres, respetuosos, equitativos y cuidadosos.
La toma de decisiones, se incorpora como aprendizaje principal la corresponsabilidad desde la libertad, desde el criterio propio, asumiendo las consecuencias de lo que hacemos personal y colectivamente.
Aprendizajes para la autonomía.
La acción colectiva, porque hacer cosas en común con otras no es sencillo, se requiere desmontar todo lo que el modelo jerárquico, autoritario y patriarcal nos ha ido trasladando, transformándolo en horizontalidad, democracia e igualdad, para construir con otras otro mundo posible.

Antecedentes e influencias de la EPA en Andalucía.

Aprender a trabajar con otras y gestionar nuestra emociones trascienden a la propia educación formal. Aprender a lo largo de la vida, de forma permanente y entender la educación más allá de la institución no son conceptos nuevos; son muchas las experiencias que han venido a lo largo de la historia poniendo el acento en la importancia de los contextos no formales (actividades educativas fuera del contexto formal, extraescolar) e informales (la que se produce en la relación entre las personas y su medio) en el desarrollo de las personas.

En el caso de Andalucía, los antecedentes de la EPA los podemos encontrar en 4 líneas de intervención conectadas, vinculadas entre sí, dándose en la práctica y en ciertos momentos históricos intersecciones entre ellas.

– Educación Permanente -de personas adultas-.

En Andalucía, desde el siglo XIX, los ateneos creados por la organizaciones obreras de la primera internacional impulsaron una educación permanente para el campesinado y clases populares, que se vieron en el principio del siglo XX influenciadas por las teorías de la escuela moderna de Ferrer i Guardia, las pedagogías libertarias que propugnaban la coeducación, el racionalismo, el laicismo y el internacionalismo como principios, con un claro exponente en el maestro José Sánchez Rosa y su compañera Ana Villalobos.
En la década de 1960, organizaciones populares inician actividades formativas, muchas de ellas en clandestinidad, vinculadas principalmente al movimiento jornalero y parroquial de carácter antifranquista, con influencias de las prácticas latinoamericanas que promovió Paulo Freire, para en el periodo democrático pasar a formar parte de las políticas públicas en el marco de la Junta de Andalucía, manteniendo su carácter transformador en el ámbito de la educación no formal, hasta finales de los 90 donde se regula la Educación de Personas Adultas, que normativiza este tipo de experiencias como acceso a determinadas titulaciones de la educación formal, aunque gracias al compromiso y esfuerzo de profesorado y alumnado, aún hoy podemos encontrar programas e intervenciones que mantienen los principios de educación liberadora.

– Animación Sociocultural (ASC en adelante).

La UNESCO en 1982 define la ASC como “el conjunto de prácticas sociales que tiene como finalidad estimular la iniciativa y la participación de las comunidades en el proceso de su propio desarrollo y en la dinámica global de la vida sociopolítica en que están integradas”.
Los antecedentes directos de la ASC en Andalucía los podemos encontrar en los ateneos libertarios y en las misiones pedagógicas en el medio rural de la II República, desarrollada bajo los principios de la Institución Libre de Enseñanza, bajo cuyo auspicio se promueven las Universidades Populares, que tendrán su desarrollo en la restauración democrática, en la década de 1980, influenciada por la Educación Popular latinoamericana. Por otro lado se encuentran las actividades de tiempo libre que desarrollan el movimiento Scout, que junto a iniciativas parroquiales como el movimiento Junior, las JOC (Juventud Obrera Cristiana) o Salesianos, realizan una labor de dinamización especialmente con juventud e infancia durante los años 60 y 70 del pasado siglo. La ASC se convierte en una tecnología social muy extendida debido a la creación de servicios municipales de cultura, juventud, igualdad o educación entre los años 1980 y 2000, en parte gracias a la creación en el año 1987 de la Escuela Pública de Animación Sociocultural de Andalucía (EPASA) por parte de la Junta de Andalucía.

– Educación en Valores.

Desde la década de los 60 en adelante, relacionados con el movimiento de renovación pedagógica, se impulsan programas con el objeto de generar una cultura basada en el respeto a las demás personas y formas de vida, a la inclusión, igualdad, principios democráticos y solidarios, cuya finalidad última es educar a personas para el ejercicio de la ciudadanía activa. En este contexto y combinando la educación formal y no formal, aparecen la Educación Ambiental, la Educación para la Paz, la Coeducación y la Educación para el Desarrollo como respuestas concretas de incorporación de valores y actitudes que vayan más allá del aprendizaje instrumental de contenidos y temarios. En este sentido, en Andalucía son impulsados en los centros docentes materias transversales cuyo mayor exponente cristaliza en la asignatura de Educación para la Ciudadanía.

– Movimientos Sociales y Asociativos.

Los movimientos sociales y asociativos de Andalucía suponen en sí mismos otra de las fuentes de la que bebe la EPA. Ya hemos nombrado al movimiento obrero y jornalero desde el siglo XIX hasta nuestros días; las diferentes luchas emancipadoras que se han producido en nuestro territorio, suponen una influencia directa que permiten incorporar formas de hacer, de relacionarse y construir en común que se derivan de las experiencias anteriores de acción colectiva. Desde el movimiento vecinal de la transición, pasando por el antimilitarismo, el feminismo y el ecologismo, sin olvidar las organizaciones de acción voluntaria, son las referencias constantes para la configuración de una cultura participativa que nutre las propuestas de aprendizaje. El tejido asociativo y autónomo sigue siendo el espacio clave para aprender a participar.

Aprender a participar…a pesar de todo.

La EPA no deja de ser una apuesta testimonial en el marco de las políticas públicas, centrada sobre todo en la población infantil y juvenil. En Andalucía hemos contado con experiencias pioneras y de gran importancia metodológica como “LaboraForo” (http://institucional.us.es/laboraforo). en el marco de los presupuestos participativos de Sevilla, que han desaparecido por falta de apoyo, una constante en nuestra comunidad en relación con proyectos de estas características. En muchas ocasiones, asistimos a programas y propuestas impulsados por entidades sociales, asociaciones o colectivos que buscan en la financiación pública las condiciones necesarias para el desarrollo de proyectos de EPA. Una de las referencias en nuestra comunidad son las “Plataformas de Solidaridad” de la Asociación Educativa Barbiana en Córdoba (http://www.aebarbiana.org), que desarrollan un proceso en Institutos de Enseñanza Secundaria, con una larga experiencia en la implementación de EPA alrededor de la Educación para el Desarrollo. En esta misma línea de iniciativas sociales, encontramos a Consortium Coglobal que impulsa junto a las Universidades de Málaga y Huelva el proyecto Ágora Infantil (http://www.agorainfantil.com/) y la ong EDUCO (http://www.educo.org) que desarrolla un programa en centros escolares alrededor del derecho a la participación de la infancia.

En el ámbito de las políticas públicas, las administraciones andaluzas brillan por su ausencia en el impulso de la EPA. Entre los pocos ejemplos podemos destacar la Red Andaluza de Comunidades de Aprendizaje (http://colaboraeducacion.juntadeandalucia.es/educacion/colabora/web/cda/inicio), que cuenta con componentes de aprendizaje dialógico y participación de la comunidad educativa, contribuyendo a la transformación de sus entornos desde el protagonismo del alumnado y sus familias. El Ayuntamiento de Peligros (http://ayuntamientopeligros.es/category/participacion/) desarrolla un conjunto de iniciativas en el marco de los presupuestos participativos, de marcado carácter educativo. En la provincia de Sevilla, el programa “Parlamento Joven” (http://www.parlamentojoven.org) es uno de los pioneros en poner en marcha un proceso educativo con jóvenes, vinculando la educación formal, no formal y los mecanismos de participación de la democracia representativa. En la Diputación de Granada (http://www.dipgra.es/contenidos/creando_futuro), se apuesta por el itinerario de Educación para la Participación Juvenil “Creando Futuro”, que impulsamos desde el año 2003 el Colectivo de Educación para la Participación – CRAC.

“Creando Futuro” (http://www.redcreandofuturo.org) es un proceso que cuenta con las siguientes características:

– Es un itinerario: consiste en 3 proyectos consecutivos– Cantera, Creando y Acompañamiento a Grupos Autogestionados – con pleno sentido cada uno de ellos de forma aislada, configuran un itinerario de EPA.
– Combina modalidades de educación: el itinerario parte de la educación formal, para ir combinando las otras tipologías.
– Reflexión crítica sobre la realidad: apuesta por el cuestionamiento del mundo que nos rodea, fomentando la construcción de conclusiones personales y colectivas propias.
– Autonomía: fomenta las respuestas de los grupos juveniles a la propia realidad, desde una lógica de autogestión colectiva como apuesta por la democracia directa.
– Lógica Colaborativa: tanto con las personas participantes como dinamizadoras, donde la propuesta metodológica y didáctica está en constante revisión. (http://redasociativa.org/creandofuturo/publicaciones/)
– Trabajo en red: la Red está formada por municipios, asociaciones sin ánimo de lucro y cooperativas de intervención social que gestionan de forma horizontal recursos y apoyos mutuos.

La EPA no es solo una propuesta para la infancia y juventud, muy al contrario, la necesidad de aprendizaje para la acción colectiva eficaz es permanente, en especial en el contexto de los movimientos sociales y asociativos.

En este sentido, desde el año 1998 impulsamos múltiples acciones e iniciativas que supongan una oportunidad para la incorporación de formas de trabajo y funcionamiento horizontales, participativas, en el conjunto del heterogéneo tejido asociativo, tanto en ongs como en espacios autónomos, además de programas públicos de participación. En la actualidad, el apoyo y los recursos metodológicos para la participación social forman parte de las políticas públicas, donde desde muchos ayuntamientos existen programas de formación para las asociaciones, como el Centro de Recursos Asociativos del Ayuntamiento de Málaga (http://participa.malaga.eu/portal/menu/portada/portada) así como la red de centros de recursos para las asociaciones y el voluntariado que coordina la Plataforma Andaluza del Voluntariado con financiación de la Dirección General de Participación Ciudadana y Voluntariado de la Junta de Andalucía, que desarrolla trabajos de asesoramiento, formación a entidades, así como la organización de eventos para el conocimiento mutuo y la incorporación de las tecnologías en la vida asociativa.

Otras iniciativas están íntimamente ligadas a procesos comunitarios y de participación ciudadana al margen -o en los márgenes- de las propias instituciones públicas. Un claro ejemplo de ello lo tenemos en la experiencia de la Casa Grande del Pumarejo (http://www.pumarejo.es/), donde se produce un proceso de aprendizaje para y desde la participación de vecinos, vecinas, colectivos y una diversidad de agentes y proyectos que confluyen entre sus paredes, con una clara intencionalidad educativa y transformadora. También debemos mencionar al Instituto de Facilitación y Cambio (http://www.facilitacion.org/) con aportaciones muy importantes en el acompañamiento a procesos grupales y la formación de personas facilitadoras, que en Sevilla cuenta con “Holonautas” (https://holonauta.wordpress.com/) como referencia local.

En resumen, el panorama en Andalucía respecto a la EPA está marcado por experiencias que cuentan con un enorme bagaje, capacidad técnica y compromiso de las personas que las impulsan. A pesar de la falta de apoyo y recursos por parte de las administraciones, se incrementan las demandas de espacios de aprendizaje para al funcionamiento organizativo, dinámicas asamblearias, herramientas colaborativas, etc, que posibiliten la mejora de la acción colectiva, por parte de los colectivos, movimientos y proyectos sociales. En Andalucía la EPA es testimonial…aunque sigamos aprendiendo a participar a pesar de todo.

Algunas propuestas para el futuro inmediato.

Para finalizar, nos atrevemos a realizar algunas propuestas para conseguir un mayor desarrollo de la EPA en Andalucía:

– Mestizaje de propuestas: apostar por la heterodoxia y combinar diferentes propuestas metodológicas.
– Mayor nivel de intercambio: establecer canales fluidos de comunicación y relación entre proyectos, entidades y personas dinamizadoras. Crear espacios donde compartir experiencias, como los Encuentros de Educación para la Participación (http://www.participasion.org)
– Hacer incidencia: presionar a las administraciones, convencerlas de que la EPA supone una prioridad si queremos profundizar en los cambios sociales de la participación de la ciudadanía.
– Mantener la autonomía: en un doble sentido; en los proyectos que desarrollemos incidir en la consecución de dinámicas autónomas de los grupos, con independencia de poderes y partidos, y por otro lado, de las entidades que impulsamos los propios procesos.
– Facilitar, hacer llegar: apostar por la comunicación y difusión de nuestras prácticas y herramientas, socializando propuestas de trabajo, estableciendo un código libre en cada una de nuestras intervenciones.
– Apostar por la innovación: hacer de nuestros proyectos una oportunidad para la creatividad, la creación de nuevas formas de tomar parte de las transformaciones sociales.
-Re-ocupar los espacios públicos: trabajar desde los espacios cotidianos, convertir en común, apropiarse de la gestión comunitaria de lo que nos rodea.

…y sobre todo, seguir atentas, con las antenas bien abiertas, con los sentidos desarrollados para captar de las niñas y niños, jóvenes y mayores las señales para que la acción común, para que el quehacer colectivo siga siendo fuente de crecimiento y aprendizaje.

(Este artículo fue publicado originalmente el EL TOPO TABERNARIO, nº 18 de septiembre de 2016)

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