Buenas y malas noticias

Juanjo tiene 16 años y padece síndrome de Asperger; Gloria es una chica de 15 años aunque su documento nacional de identidad dice que se llama Juan Francisco; Nur tiene 17 años y su familia es de origen magrebí; Camilo acaba de cumplir 18 y sufrió acoso escolar; Ana anda a mitad de camino entre los 15 y 16 años y acaba de romper con un novio que ejercía violencia sobre ella. Además están Luis, Inés, Mohamed, Rosa, Julia, Maripaz, que tienen también entre 15 y 19 años. Algunas de estas personas jóvenes son de Asturias, otras de Madrid, y de Sevilla. También de Bizkaia, Salamanca, Badajoz, Cádiz, Huelva, Granada o Tenerife. Y tenemos buenas noticias. 

El padre de Juanjo nos dice que ahora su hijo tiene en la agenda del móvil contactos de amigos y amigas, no sólo de familiares y “profesionales”; a Gloria todo el mundo la conoce por como es y ya tiene el reconocimiento de cambio de nombre; Nur se siente parte de su barrio madrileño y no renuncia a sus raíces; Camilo aprendió a expresar su situación sin autocomplacencia y ha conseguido que otras personas no vivan lo mismo que él;  Ana se siente naranja entera y su  ex-novio ya no confunde amor con posesión. Siguen enfrentándose día a día a muchas dificultades, pero saben que no están solas y que sí se puede. La pregunta sería entonces ¿Cómo se pueden conseguir estos importantes cambios?

Son muchos los factores que intervienen para una historia de éxito: familia, escuela, entorno afectivo, personas profesionales específicas, pero además que cada una de estas personas jóvenes se sientan parte de un grupo que les acoja, del que formen parte activa, decisiva -con capacidad de decisión plena- y que junto al resto, intervengan en su realidad para transformarla mediante actividades, campañas o lo que se les ocurra, es decir, que participen. La participación activa de las personas jóvenes no es solo un elemento importante a la hora de abordar sus problemáticas, es imprescindible.

A eso nos venimos dedicando desde el año 2003 la Red de Educación para la Participación Juvenil “Creando Futuro”, desarrollando un itinerario formativo que da respuesta a dos vacíos que el sistema educativo no cubre: aprender a reconocer y gestionar las emociones y el aprendizaje para la acción colectiva organizada.

Trabajamos de forma cotidiana con grupos de personas jóvenes acompañándoles en la construcción de una visión crítica de su realidad, para que desde ahí incorporen las habilidades necesarias para convertir sus ideas y propuestas en acción común, para que aprendan a organizarse de forma autónoma y así dedicar parte de su tiempo libre a mejorar sus condiciones de vida y las de sus comunidades. Porque a participar se aprende y se aprende participando.

Pero también tenemos una mala noticia: la Educación para la Participación no forma parte de las políticas públicas. Hay incluso quien dice que a la “escuela no le caben más cosas”, confundiendo contenido con método. Las Políticas de Juventud no hacen más que languidecer en términos presupuestarios, se cierran dispositivos -Casas de la Juventud, Centros de Información, Programas de Educación en Valores, Sexualidad…etc,- o se re
duce drásticamente su personal, sin ser conscientes de la cantidad de Juanjos, Glorias, Nurs, Camilos y Anas que nunca tendrán la opción de vivir qué es eso de sentirse parte.

(El presente artículo fue publicado originalmente en el Blog (Des)igualdad de ElDiario.es el 25 de enero de 2017)

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