10 consejos para recibir comentarios críticos: una guía para activistas

Resultado de imagen de discusiónpor Brooke Anderson

 

¿Eres un o una activista contra los sistemas de opresión? ¿Alguna vez has recibido comentarios, amables o no, de que estabas teniendo los mismos comportamientos que se supone que combates en los movimientos sociales? ¿Reaccionaste con incredulidad o actitud defensiva? ¿Con vergüenza o duda? ¿Con la tentación de desvincularte y desaparecer del trabajo? ¿O pudiste aprender de la crítica, reparar el daño y volver a comprometerte a cambiar tus prácticas para adecuar mejor tus valores y tus acciones?

La revolucionaria Grace Lee Boggs, en su última etapa, nos pidió que consideráramos “¿Qué hora es en el reloj del mundo?”. Hoy nos encontramos en un momento de colapso ecológico devastador, una concentración sin precedentes de la riqueza y el poder, la violencia estatal contra las minorías, el resurgimiento de formaciones fascistas y agresivos ataques a nuestros derechos más básicos e instituciones democráticas. También vemos una poderosa oleada de resistencia popular. Millones de personas están llenando las calles por millones y algunas se preguntan por primera vez en sus vidas: “¿Cuál es mi papel en todo esto?”.

Sabemos que las movilizaciones por sí solas no son suficientes. Debemos construir movimientos masivos liderados por colectivos y comunidades combativas, y también frentes unidos que vinculen nuestras luchas a través de la raza, la clase, el género, el país y otros factores. Lo que, en la práctica, significa que pasaremos miles de horas organizando asociaciones de inquilinos, sindicatos, tierras recuperadas, cooperativas y coaliciones con personas cuyas experiencias vitales pueden ser muy diferentes a las nuestras.

Mientras trabajamos para desaprender los comportamientos tóxicos de la cultura dominante (p. ej., el capacitismo o la transfobia) es posible que, sin quererlo, en nuestros esfuerzos por construir lo nuevo usemos viejos patrones que causan daño y lastiman. Cuando esto sucede, puede ser difícil tanto dar como recibir comentarios críticos. A pocas de nosotras se nos ha enseñado a hacerlo bien. Sin embargo, la creación de una cultura organizativa en la que se esperan, se alientan y se aceptan de buena gana las críticas nos ayudará a desarrollar la confianza profunda y la responsabilidad esenciales para la construcción efectiva de esos movimientos.

Originalmente, escribí esta guía como mujer blanca que estaba preparándose para unirse a mujeres de color y mostrar a algunos de nuestros queridos compañeros varones cómo se estaba manifestando el patriarcado en el proyecto político que compartíamos. Estaba nerviosa. Muchas veces pensé: “Da igual, no merece la pena el mal rato”. Habiendo sido socializada para poner las necesidades de los hombres por encima de las mías prefería a menudo evitar el conflicto. Pero luego recordaba que cada gramo de respeto del que ahora disfruto como mujer fue ganado duramente por personas que, antes que yo, no se conformaron con los roles de género asignados, y yo le debo esa misma lucha a la próxima generación.

También he cometido errores, muchos, como persona blanca en movimientos multirraciales y he llevado el racismo a organizaciones que he amado, con formas de las que no me siento orgullosa, y que tuvieron un impacto real en personas que me importaban mucho. Estoy agradecida a quienes me aportaron observaciones honestas y me ayudaron a adecuar mis acciones con mis valores. Dedicaron su esfuerzo a mi desarrollo como la persona que deseaba ser pero que aún no era (ni soy).

A partir de estas experiencias, tanto dando como recibiendo retroalimentación, ofrezco estos 10 consejos para recibir bien la crítica. En la medida en que pueda ser útil, el mérito es de otras personas, en su mayoría mujeres de color, que emplearon su tiempo en ayudarme a corregir el problema. Gracias. Cualquier deficiencia es mía.

10 consejos para recibir críticas:

  1. Respira profundamente. Cuando escuchamos críticas, a menudo creemos que nuestra valía está en juego, provocándonos sentimientos de impotencia. Nos revolvemos ante ello haciendo que sea más difícil asimilar los comentarios y aprender de ellos. Volver a conectar con nuestra respiración y sentirnos en nuestro cuerpo nos ayuda a regularnos y permanecer enraizadas en quiénes somos cuando absorbemos información dolorosa. Mientras respiras sientes tus pies en el suelo y tu historia y a tus seres queridos respaldándote.
  1. Confía en que la crítica es un regalo, no un ataque. Aunque al principio tu cuerpo puede responder como si estuviera siendo atacado (irritación, palpitaciones, sudor…), la crítica no es un ataque. Es una ofrenda y un regalo. La persona a la que hemos molestado podría haber dejado de trabajar con nosotras sin ninguna explicación o haber hablado a nuestras espaldas, pero, en cambio, invierte su tiempo en ayudarnos a que se parezcan más la persona que queremos ser y la que de hecho se muestra.
  1. Recuerda que tu valía no se está cuestionando. Nacemos en una cultura envenenada por el racismo, el capitalismo, el patriarcado, etc. Cuando vivimos en el lado privilegiado de cualquiera de esos sistemas interiorizamos la superioridad tan profundamente que puede ser difícil darnos cuenta, y cometemos errores, pero no por ello perdemos la dignidad o la pertenencia. Y en cambio, la mayoría de las veces, sí obtenemos valiosa información sobre cómo ser la persona que queremos. Por ejemplo, como persona blanca, nunca puedo desaprender completamente el supremacismo blanco. Todo lo que puedo hacer es levantarme cada día y luchar más, de manera más inteligente y con más coraje que ayer. Algunos días me desenvuelvo mejor en esa lucha que otros. Y cuando cometo errores soy responsable de reparar el daño, pero mi valía no está en cuestión.
  1. Abandona tu apego a ser de las “buenas”. El mundo no está dividido en personas “buenas” y “malas”. El mito de las “buenas personas” perpetúa la falsa idea de que algunas hemos alcanzado el estatus mítico de “aliadas” frente a las opresiones sistémicas y así se nos reconoce. Cuando recibimos comentarios duros, a menudo fallamos en (a) Ponernos a la defensiva: “Pero yo soy una de las ‘buenas”. ¡No puedo haber hecho nada malo!” o (b) Miedo: “Perderé mi reputación como aliada”. Y nos preocupa poner en peligro las relaciones y los colectivos que nos interesan. Esa ansiedad es real, especialmente en la cultura “online” de nuestros días. Sin embargo, si somos capaces de renunciar a ser “de las buenas” nos abrimos a comprender cómo impactamos en las demás y, al hacerlo, fortalecemos nuestras relaciones.
  1. Escucha, pregunta y toma nota.
  • Escucha: A menudo escuchamos con un filtro para defendernos, refutar, criticar, dar ejemplos contrarios o corregir. En vez de eso escucha para entender. Cuando tu mente se ponga a divagar vuelve a enfocar tu atención. No interrumpas. Mantén el contacto visual. Fíjate en lo que tu lenguaje corporal puede estar comunicando.
  • Haz preguntas aclaratorias: es decir “¿me cuentas algo más sobre cómo te ha afectado?” o “¿me pones algún ejemplo para entenderlo mejor?”
  • Toma nota: las emociones fuertes dificultan nuestra capacidad para recordar detalles. Toma notas, si procede (si no estás segura, pregunta), durante o después de la conversación.
  1. Pregúntate: “Si fuera cierto, ¿qué significaría?”. Puede que no estés de acuerdo con que tu comportamiento fue problemático. Dado que la incredulidad es una manera habitual que tiene nuestro cerebro de proteger nuestro ego, intenta suspenderla momentáneamente. Pregúntate a ti misma: “Si algo de esto fuera verdad, ¿qué significaría? ¿qué daño puede haber causado? ¿qué disculpa o reparación podría ser adecuada?”. Puede que, pese a todo, sigas en desacuerdo con los comentarios, pero busca la verdad y las lecciones que contiene.
  1. Ahórrate tus críticas sobre cómo se hicieron los comentarios. A menudo criticamos las formas en que se hacen los comentarios, es decir, el momento, el lugar, el volumen o el tono. Decimos: “¡Debería de haber hecho tal o cual…….!” Por el contrario, puedes preguntarte: “Esta reacción… ¿qué me está impidiendo sentir?” Intenta dejar de lado estas críticas y escuchar lo que de hecho se te está diciendo. Por ejemplo, como mujeres se nos enseña a ignorar nuestras propias necesidades de manera que, cuando las cosas se han puesto ya tan mal que por fin hablamos, lo hacemos con dolor, ira y resentimiento que han sido retenidos durante semanas o años. También estamos socializadas para sentirnos responsables del cuidado de personas que nos han lastimado. Si eres un hombre que recibe comentarios de una mujer o una persona crítica con los roles de género, pregúntate: “¿Por qué les creo responsables de hacer comentarios que no me hagan sentir mal?” Días más tarde, una vez hayas tenido la oportunidad de procesar la crítica, reconocer el daño y asumir la responsabilidad, pregúntate entonces si todavía necesitas censurar las formas. Tal vez lo hagas o tal vez no.
  1. Procesa, mejor, en otro lugar. La persona que te está dando su opinión probablemente ya ha hecho mucho trabajo emocional (y de otro tipo) preparándose para esta conversación. Aunque es posible que desees discutir de inmediato con ella, es probable que ya estéis agotadas. Cuando me siento ansiosa por procesar los comentarios que alguien ha compartido conmigo me pregunto qué hay detrás de esa urgencia: “¿Espero convencerla de que no tengo la culpa? ¿que todavía soy una buena persona?” Espera hasta que te motive más la curiosidad que la necesidad de convencer. Aguanta, practica el sentirte incómoda. Para los hombres que fueron socializados dependiendo excesivamente de las mujeres en lo emocional, ahora es un buen momento para cambiar eso y apoyarse en otros hombres. Si necesitas hablar, comienza con personas que no sean las más afectadas. Puedes dirigirte más tarde a la persona a la que has lastimado y preguntarle si quiere hablar y en qué circunstancias.
  1. Discúlpate claramente. Es difícil digerir los comentarios en el momento. Puedes decir “Estoy agradecida, pero también abrumada por este comentario. Gracias por decírmelo. Siento si te he hecho daño. Necesito algo de tiempo para asimilar lo que me has dicho. Me gustaría encontrarme contigo mañana o la próxima semana si estas dispuesta a hablar. ¿Te parece bien?”. Cuando estés lista para ofrecer una disculpa, aquí hay algunas cosas que debes y no debes hacer:

HAZ:

  • Reconoce con claridad lo problemático de tu comportamiento.
  • Di cómo crees que afectó a la otra persona.
  • Comparte lo que planeas hacer para cambiar tu comportamiento en el futuro. 

NO HAGAS:

  • No te disculpes por cómo se siente la otra persona. Decir “Lo siento, estás molesta” no te responsabiliza de tus acciones. En su lugar, di: “Lo siento, hice tal cosa que te afectó de tal manera”.
  • No te castigues (por ejemplo, decir, “No hago nada bien”). A menudo usamos un lenguaje autoflagelante para pedir indirectamente que nos aseguren que no somos una mala persona. Al hacerlo, le pedimos a la persona a la que hemos perjudicado que haga un nuevo esfuerzo emocional. Hacer esto vuelve a centrar la conversación en tus necesidades, no en las de ella.
  1. Comprométete con una vida de continuos cambios de comportamiento. Es posible que tengamos ganas de desaparecer por completo del trabajo (“Bien, ¡solo haré lo mío!”). Esto elude la rendición de cuentas. Al contrario, debemos volver y dedicarnos a construir relaciones auténticas y responsables a nivel colectivo. Hacerlo implica renunciar a parte del poder, el reconocimiento y el brillo que nos hemos acostumbrado a buscar. También puede significar moverse más despacio (como dice Adrienne Maree Brown, “a la velocidad de la confianza”). Éste es nuestro reto. ¿Podemos deshacernos de nuestra vergüenza y aumentar nuestro sentido de pertenencia construyendo relaciones auténticas? ¿Podemos reemplazar nuestro ego por humildad y paciencia? También podemos estar ansiosas por ser reconocidas en nuestros esfuerzos para cambiar. Pero ese reconocimiento no es ni nuestro derecho ni nuestro objetivo real. En vez de eso, deberíamos preguntarnos:
  • ¿Cuál es la raíz de mis comportamientos? ¿Qué hago para cambiarlos?
  • ¿Cómo puedo obtener nuevas aportaciones? ¿Puedo pedir a cinco personas de confianza que opinen sobre las críticas que he recibido? ¿decirles que me digan con sinceridad si me han percibido así? o que me avisen si me ven comportándome así.
  • ¿Cómo puedo dedicar tiempo a aprender sobre el poder, los privilegios y la opresión sin poner la carga de esa educación en las personas oprimidas?
  • ¿Cómo cultivo relaciones auténticas que atraviesen las diferencias basándome en la honestidad, el consentimiento y la responsabilidad?
  • ¿Cuál es mi interés personal en el desmantelamiento de la opresión, incluidos los sistemas que me benefician? ¿En qué forma entender esto fortalece mi trabajo por nuestra emancipación colectiva?
  • ¿Qué necesito para responsabilizarme de los cambios que quiero hacer? ¿Reflexionar diariamente? ¿Terapia? ¿Supervisión y rendición de cuentas con una persona amiga?

Algunos pensamientos finales:

Todavía puedes estar en desacuerdo con los comentarios críticos que se te hacen. Está bien. A veces recibimos comentarios erróneos o motivados por algo más que un genuino interés en nuestro crecimiento personal o liberación colectiva. Eso pasa. Sin embargo, nuestra práctica se fortalece si primero buscamos la verdad y las lecciones que nos puedan dar y luego construimos relaciones auténticas con personas que comparten nuestros valores, contribuyen a nuestro crecimiento y que ellas mismas han cultivado la práctica de solicitar e integrar la crítica directa.

Cambiar nuestro comportamiento individual y mostrarnos íntegras en los espacios de los movimientos sociales es un trabajo necesario, pero debe estar al servicio, -no sustituirlo-, del arduo, desordenado e imperfecto trabajo de desmantelar los sistemas de opresión.

Esta no es en absoluto una guía completa. Lo escribí para mi uso personal hace más de un año pero recientemente se me pidió que lo compartiera públicamente para apoyar reflexiones colectivas sobre cómo podemos aumentar nuestra capacidad de crecer a partir de la crítica.

(Brooke Anderson es una fotoperiodista y activista que desarrolla su trabajo en California. Este artículo fue publicado originalmente en Medium.com  el 9 de abril de 2019. Y ha sido traducido -en versión libre- por Abel Al Jende y Fernando de la Riva)

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