¿A qué y a quien esperamos?

Por  Fernando de la Riva 

Hace décadas, el Equipo Claves para la Educación Popular llevó a cabo un proceso de escucha, que dio lugar a un libro, en torno a una pregunta que siempre nos pareció esencial: “¿De quién es la iniciativa? en el desarrollo sociocomunitario”. Entonces ya parecía nítida la respuesta. Hoy, treinta años después, además es urgente.

La humanidad y cada una de las comunidades y grupos que la formamos, enfrenta desafíos inéditos. Es algo que nos afecta a todas las personas, a nuestros hijos e hijas y a nuestros nietos y nietas.

La descomposición del sistema, igual que el cambio climático, se confirman cada día con nuevos síntomas y se aceleran vertiginosamente. Ya nadie -salvo cuatro pirados- lo niega. Los recursos son, cada vez más escasos y el desorden se extiende por el planeta. El proceso puede alargarse durante años, pero parece irreversible.

Pero, si esperamos que las administraciones gubernamentales y los poderes políticos y económicos resuelvan esos graves problemas, la humanidad está perdida.

Los poderosos no están dispuestos a ceder ni uno de sus privilegios, los gobiernos parecen vivir en otro planeta y la mayoría de la población parece indiferente a las amenazas…adormecida por los medios masivos de comunicación y las redes sociales.

Por eso es imprescindible que la gente de a pie, la ciudadanía, nos sacudamos la pereza, tomemos la iniciativa y nos organicemos para cambiar las cosas y responder a los grandes retos que ya estamos enfrentando.

EL MOMENTO ES AHORA

Las alternativas, en cualquier escenario de futuro posible que podamos imaginar, son que se imponga el sálvese quien pueda, la ley del más fuerte, o bien que prevalezca la cooperación colectiva y solidaria, el apoyo mutuo para enfrentar juntas las dificultades que se planteen. El triunfo de una a otra opción es determinante para la supervivencia y el bien vivir de la mayoría de la población.

El caso es que algo hay que hacer, YA, AHORA, especialmente quienes nos identificamos con la segunda de las alternativas.

Y no cabe esperar a nadie -porque entonces nunca nos pondríamos en marcha- ni ninguna otra confirmación, aparte de las que se multiplican cada día. Como diría Saúl Alinsky, es hora de “hacer lo que se pueda con lo que se tenga”.

¿TOMAR EL PODER O TOMAR LA INICIATIVA?

La lucha por la emancipación de los hombres y mujeres ha intentado, durante siglos, la toma del poder para, desde allí, transformar las cosas.

Pero, cuando hemos podido asomarnos al interior de las instituciones del poder, por la vía de las urnas, descubrimos -como ahora en muchos ayuntamientos e instituciones de rango superior- que (no por casualidad) son estructuras diseñadas para que casi nada cambie, para preservar los privilegios de unos pocos.

Y las resistencias burocráticas en las instituciones son tales que cualquier pequeño cambio requiere un enorme esfuerzo y se alarga en procedimientos interminables.

En las actuales condiciones de emergencia climática y social, este comportamiento de las instituciones político-administrativas es suicida. No podemos contar con ellas para liderar el cambio radical que precisamos.

¿SON INÚTILES LAS INSTITUCIONES?

Está claro que existe una diferencia sustancial entre unas instituciones que bloqueen cualquier cambio que no beneficie a los poderosos -como suele ser lo habitual- y otras que, por el contrario, faciliten los cambios necesarios para implicar a la comunidad en la respuesta colectiva a los graves problemas que enfrenta la humanidad.

Esa es la tarea que les corresponde, hasta donde sea posible en cada caso y circunstancia, a las instituciones (o, mejor, a las personas que trabajan en ellas): impulsar, acompañar, apoyar, fortalecer, conectar… todas las iniciativas posibles de empoderamiento y autoorganización comunitaria.

Así pues, claro que tiene sentido participar en las instituciones, ganar su control por los votos, pero solo si el esfuerzo para aprovechar y transformar las instituciones no consume las energías necesarias para el fortalecimiento de la iniciativa ciudadana, de la capacidad colectiva para responder a los retos que ya están llegando.

¿QUÉ HACER?

Hay muchas cosas que hacer y que cambiar, en todos los órdenes de la vida personal y colectiva. Precisamente por eso, si queremos ser eficaces, tendremos que establecer prioridades, y concentrar los esfuerzos en aquello que sea más necesario para prepararnos para el futuro que viene.

Debemos hacer lo que nos señalan el instinto de supervivencia, las leyes de la naturaleza y la experiencia colectiva acumulada a lo largo de la historia: agruparnos, apoyarnos, cooperar, cuidarnos mutuamente, aprender nuevas habilidades… para adaptarnos a lo que venga y así poder responder mejor a las necesidades personales y colectivas.

Todas las iniciativas -por sencillas que puedan parecer- que fomenten eso, que siembren y alimenten la convivencialidad, son interesantes, nos interesan, nos servirán para aprender, y, necesariamente, se trenzarán e interconectarán, creando tejido social, forjando comunidades más capaces de enfrentar ese futuro incierto.

Acerca de Fernando de la Riva

Nací en Madrid en la segunda mitad (por los pelos!) del siglo XX. Estudié Historia Moderna y Contemporánea, aunque toda mi vida profesional la dediqué -ahora estoy jubilado- a la Animación Social y la Consultoría de Organizaciones (sin abandonar nunca el activismo social). Llevo 25 años viviendo en Cádiz.
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