EL FUTURO SERÁ MESTIZA

(La foto es de Cesar González)

Por  Fernando de la Riva

Paulo Freire decía -con palabras más sabias- que quienes quieran cambiar el mundo no han de limitarse a denunciar lo que está mal en éste, sino que han de anunciar otro mundo posible. Denunciar y anunciar, ambas acciones son necesarias, porque la denuncia sin solución, sin salida… solo genera desesperanza, frustración, ira… Y el anuncio de un mundo mejor sin denuncia, sin cuestionar éste en que vivimos, es demagogia.

Son tiempos de cambios y transformaciones profundas que afectan a todo el planeta. No necesitamos más pruebas de ello. ¿Quién se atreve a hacer vaticinios de cómo será el mundo dentro de 15 años? Seguramente, en los libros de historia (o su equivalente futuro) este tiempo será señalado como uno de esos parteaguas que marcan un cambio de época, e incluso un cambio de era.

Todo es incierto. Y eso se nota en el ánimo de la gente corriente, en nuestro entorno de relaciones, amistades y familia predomina la incertidumbre, el miedo y también el cabreo, la ira… Aunque sirva de escaso consuelo, cabe afirmar que el desconcierto que nos agobia es normal. En la Historia, y hasta en la Prehistoria, nunca fueron fáciles los cambios de era (que se lo digan a los dinosaurios), siempre fueron tiempos convulsos.

Podemos suponer que en el futuro cercano habrá dolor y sufrimiento. Lo sabemos, porque YA hay mucho dolor y sufrimiento para muchos millones de personas (que se lo digan a los miles de personas que mueren huyendo de África), y la cifra de la desigualdad, lejos de disminuir, crece cada día.

No, los años venideros no serán de vino y rosas. Muchos de los problemas que hoy nos agobian (guerra, cambio climático, escasez de recursos, hambrunas, regreso de los fascismos…), lejos de aliviarse, se acentuarán. Serán tiempos oscuros especialmente para quienes son más débiles.

Pero prevalecerá la humanidad -no tengo ninguna duda- triunfará su parte más luminosa. Lo se porque siempre fue así, porque las mejores conquistas del ser humano, en su largo evolucionar como especie, en la construcción de su humanidad, nunca fueron fáciles, costaron mucho tiempo, dolor y sufrimiento, muchas vidas incluso. Así se consiguió la abolición de la esclavitud, se lograron derechos y libertades, se conquistó el voto… y tantos otros logros.

Y ese triunfo de lo mejor de la especie humana será más temprano que tarde -aunque debamos elevar la mirada por encima de nuestro reducido tiempo individual- porque ya está en marcha, porque ya son millones las personas que están caminando en otra dirección, a contracorriente de la deriva suicida por la que nos conduce el capitalismo desbocado.

No son muy visibles, hay que buscar con lupa a esas personas, a esos cientos de miles de grupos que no se han resignado al fatalismo, porque no salen en los medios de comunicación de masas, ocultos en las redes sociales -entre tanta publicidad y tanta tontería-, pero están ahí. Recuperando o reinventando las formas de cultivar la tierra, de compartir, intercambiar… otras formas de vivir, de producir y consumir lo que necesitamos para la vida.

Y todas esas experiencias colectivas, se basan en un mismo principio básico: la colaboración, el apoyo mutuo, la solidaridad. Eso no quiere decir que no haya errores, pasos adelante y pasos atrás, fracasos… en esas búsquedas colectivas, pero siempre dejan aprendizajes que sirven para el próximo intento y se convierten en semillas de futuro.

En medio de la incertidumbre, no hay otro camino. Es el que nos muestra la naturaleza (aunque nos hayan hecho creer que todo se reduce a la “ley de la selva”, la supervivencia del más fuerte): los seres vivos, y especialmente los animales sociales (como lo somos las personas), cuando sienten una amenaza o un peligro se unen entre si, se agrupan. Así combaten el miedo, se defienden, protegen a los más débiles…y, aunque se produzcan bajas individuales, el conjunto sale reforzado, es más fuerte,  

El principio de colaboración es fundamental y significa una apuesta por el intercambio de experiencias y saberes, una apuesta por la construcción colectiva de conocimientos, por la inteligencia colectiva, por la gestión de la diversidad… Y todo ello conduce, inevitablemente, a la mezcla, al mestizaje que, contra lo que afirman quienes se pretenden puros/as (de raza, cultura, creencias…), no resta nada, solo suma y multiplica las posibilidades de supervivencia de todas.   

Y en todos esos cientos de miles de grupos, iniciativas y experiencias, repartidas por todo el planeta, encontramos otro elemento común (seguro que hay muchos más) que les identifica: el fuerte liderazgo de las mujeres. Es un hecho, le pese a quien le pese.

No hay sorpresa en ello, así ha sido durante miles de años. Las mujeres -invisibles la mayoría de las veces- han sido imprescindibles, fundamentales en el camino de la humanidad y lo son hoy, aunque el patriarcado se esfuerce en silenciarlo (para mantener la sumisión de las mujeres). Una gran parte de las experiencias de colaboración y apoyo mutuo, de acción colectiva y solidaria, que tienen la vida y la supervivencia en el centro, están protagonizadas y lideradas por mujeres. En todo el planeta.

Y creo que, en buena parte de esas iniciativas, ya se está anunciando otro mundo posible, otra forma de pensar, decir y hacer, otra forma de vivir y relacionarse entre las personas. En esas experiencias ya se está viviendo de otras maneras. Y ello es una fuente de esperanza y fortaleza para quienes buscan alternativas, otros futuros.

Por eso digo -como un grito- que “el futuro será mestiza”, porque el camino de la colaboración y el liderazgo de las mujeres nos llevará hasta allí. Y esa es una buena noticia.

Acerca de Fernando de la Riva

Nací en Madrid en la segunda mitad (por los pelos!) del siglo XX. Estudié Historia Moderna y Contemporánea, aunque toda mi vida profesional la dediqué -ahora estoy jubilado- a la Animación Social y la Consultoría de Organizaciones (sin abandonar nunca el activismo social). Llevo 25 años viviendo en Cádiz.
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